La lectura de textos literarios. Una propuesta de trabajo

Experiencias de bachillerato a distancia

La lectura de textos literarios.
Una propuesta de trabajo

Francisco Javier Macías Mendoza
Universidad Virtual del Estado de Guanajuato
Profesor de Tiempo Completo
frmacias@uveg.edu.mx

Resumen

Conocer y aplicar las herramientas para comprender un texto es requerimiento fundamental, para cualquier estudiante y en cualquier nivel educativo. Y vaya que la modalidad a distancia en mucho cifra el éxito del aprendizaje, en la lectura. Apelando a esta necesidad cardinal, además de la pretensión de que los estudiantes de nivel medio superior deberán estar en contacto con la lectura –a veces en desafío con diversos textos–, este artículo presentará una propuesta didáctica con el fin de potencializar una postura crítica y argumentativa que, a su vez, permita el desarrollo de las competencias que la lectura conlleva.

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El acto de leer, entre atributos y defectos

Lo novedoso no estriba en presentar un escenario que evoque desde el futurismo la situación actual; lo innovador está en presentar un evento o tema conocido dentro de un marco que evoque un tratamiento no antes revisado. Pensar, detenerse a reflexionar sobre la labor docente permite retomar y actualizar los problemas, tras la enunciación de los conflictos e incertidumbres, para designar soluciones aplicables en tal práctica, tal como Perrenoud (2007) lo ha señalado en pos de la mejora del trabajo del profesor.

Lo anterior viene a colación porque muchos docentes hemos pretendido creer que lo nuevo significa hallar caminos o rutas que desde sí mismas construyan un nuevo estilo o manera de aprender, dejando de lado problemas tan sustanciales como irresueltos desde que fuimos estudiantes y nos convertimos en profesores.

Actualmente la queja entre los docentes ya ha adquirido visos de eslogan: “Los niños de prescolar se encaminan a malos modales de lectura porque no ven leer a sus papás”, “Los alumnos de primaria no leen porque sus papás nomás compran papel de baño en sus hogares y no dan el ejemplo”; “Los estudiantes de secundaria no saben leer y eso ocasiona que estemos reprobados en todos los exámenes que les apliquen con estándares internacionales”; “Los jóvenes de preparatoria no se interesan en la lectura si no trae monitos o no se trata de temas nada estéticos y más bien decadentes”; “México no lee y eso es causa de nuestro subdesarrollo”.

Sin dejar de lado los anteriores argumentos, vale sostener que los docentes tampoco somos muy dados en mejorar la situación. Más bien la queja persiste porque no intentamos practicar algo más que “dejar leer” un texto. Revisemos estos parlamentos hipotéticos emitidos por un profesor en la modalidad tradicional:

“Este parcial les toca leer La Odisea de Homero, vayan consiguiéndola, ya sea que la compren o que la saquen de la biblioteca, para que la lean en sus tiempos libres en su casa”. [Glosa: Lo malo es que la mayoría de los jóvenes busca no tener tiempo libre, pues está ahora llena de ocupaciones que permiten soslayar el momento de ponerse a leer.]

“Toda esta semana, antes del examen, vamos a leer en clase y en silencio; cada uno va a entrar con su ejemplar de Cien años de soledad, porque no van a acabarla y es mejor que me asegure de que la lean”. [Glosa: Y si los lectores obligados tienen alguna duda (imagínese que no tiene una edición comentada o que sí tiene comentarios, pero no sabe cómo interpretarlos), jamás tendrán oportunidad de esclarecerla, pues como además deben ser lectores silenciosos, los estudiantes prefieren callar antes de encender la polémica del profesor. O peor aún: el estudiante que no trae su ejemplar, no estaría autorizado a entrar a leer (en una flagrante paradoja que más bien es una reducción al absurdo) al salón de clase de lectura silente.]

“Si sigues con tu desorden, te voy a enviar a la biblioteca con un reporte”. [Glosa: Y claro, el estudiante sigue con su desorden; el profesor lo manda a la biblioteca y aquel se pone a platicar lo más silenciosamente posible con otros compañeros que ya hayan llegado; si no hay comparsas, se pone a reflexionar sobre la etapa difícil que es traspasar la juventud y la influencia de las hormonas en su porvenir; y si no tiene materia de cavilación, se pone a ojear algún texto que tenga imágenes, hasta que escuche un timbre y pueda salir a continuar con su rutina escolar.]

Hasta aquí tenemos algunos atributos que, podríamos considerar erróneamente, se han ligados a la lectura dentro de los procesos educativos tradicionales y que, de manera paulatina e irremediable, permean al modelo educativo a distancia:

  • Obligatoriedad del acto de la lectura.
  • Eventualidad punitiva de la lectura.
  • Imposibilidad de discusión de tópicos a la par de la lectura.
  • Ausencia de asesoramiento paralelo a la lectura.

Entonces cabe plantearse como corolarios contrapuestos a lo anterior:

  • La lectura puede ser un acto lúdico, paralelamente a ser vía de aprendizaje.
  • La lectura puede ser un acto privado pero también abierto a la discusión grupal.
  • La lectura puede detonar otros actos y otras búsquedas para aprender.
  • La lectura requiere un asesor interesado y atento para guiar a los estudiantes.

Derivado de estas necesidades sobre el tenor de la lectura, viene a continuación una propuesta para aplicarse en un entorno virtual.

Una propuesta de trabajo

Si partimos de la premisa: una propuesta didáctica de lectura pone en evidencia la manera en que el estudiante comprende y maneja la información de un texto –y a la vez permite el análisis de dicha evidencia–; entonces, se necesita enunciar algunas consideraciones pertinentes:

El objetivo general de la propuesta (a través de un ejercicio), sería evaluar habilidades y competencias respecto al análisis, búsqueda de información, abstracción e interpretación de un texto literario. El asesor decidiría sobre su valor o calificación, dependiendo de la temporalidad y las circunstancias de aplicación, para asignaturas de bachillerato como Literatura, Taller de Lectura y Redacción, Narración y Exposición, ya como alternativa de una actividad de aprendizaje o como instrumento de diagnóstico.

Las competencias genéricas que se plantea desarrollar con este ejercicio son:

  • Es sensible al arte y participa en la apreciación e interpretación de sus expresiones en distintos géneros.
  • Escucha, interpreta y emite mensajes pertinentes en distintos contextos mediante la utilización de medios, códigos y herramientas apropiados.
  • Participa y colabora de manera efectiva en equipos diversos.

En ese ejercicio se pretendería que el alumno fije su atención en el contexto de la lectura. Las palabras deberían ser definidas de acuerdo a su particular significado dentro del texto, por lo que se aconseja tener un foro de discusión sincrónico. Derivado de lo anterior, es necesario que el texto esté disponible para la relectura por parte de los estudiantes participantes.

Dado que el estudiante requiere extraer conceptos, el grado de dificultad estriba en que son términos de poco o nulo uso cotidiano. También se involucra la escritura: a partir de un concepto, el estudiante debe ubicar las acciones (o secuencias narrativas, para decirlo con Roland Barthes). En esta parte, resulta muy útil permitir la discusión de los estudiantes en el foro, con el asesor mediando los temas para evitar la dispersión.

Así, es posible suponer que este ejercicio abre la puerta a que los estudiantes muestren desarrollo del léxico; luego la habilidad cognitiva de la interpretación. Esto significa que serían capaces de “reelaborar” lo que un texto contiene.

Con las anteriores consideraciones, viene enseguida la propuesta.

Análisis literario y comprensión lectora

Instrucciones generales:

  • Lee el texto Nuevo Profesionista. Crónica de un examen recepcional.
  • Resuelve los ejercicios que vienen enseguida.
  • Puedes regresar al texto y buscar alguna palabra o frase. Por el contexto te será más fácil deducir lo que se te pide.
  • Se recomienda completar las diferentes secciones de manera secuencial, por lo que no podrás dejar ejercicios pendientes y luego regresar a contestarlos.


Nuevo profesionista. Crónica de un examen recepcional.
Por Javier Macías M.

Cuando alguien estudia una carrera universitaria, parece que el tiempo está detenido, pues la rutina se sucede con bostezos disimulados en las cátedras, charlas frente a un café americano, sesiones solitarias en la biblioteca, escritura de ensayos en la vieja Olivetti, desveladas en casa de quién sabe quién para hallar la intríngulis del aprendizaje, etcétera. Y pocas veces se reflexiona que antes de convertirse en un profesionista, debe franquearse un obstáculo: elaborar una tesis y luego defenderla ante un jurado que, proporciones a salvo, parece del Santo Oficio. Voy a relatar mi caso particular, con el objetivo de que las nuevas generaciones de egresados saquen algún provecho y, sobre todo, para que desechen la idea de que con asistir a clase y hacer tareas, basta para convertirse en un profesionista.

Luego de cursar con verdadero esfuerzo la licenciatura en Letras Españolas, me vi en la necesidad de encontrar una cuestión central para redactar la tesis. No es que yo fuera ciertamente un indolente (para usar un eufemismo refinado), pero tantas lecturas y autores, tantas charlas y cátedras, tantos ensayos y desveladas, me habían corrompido de alguna manera la capacidad de centrarme en algo. Ya antes una maestra solícita me había aconsejado que previo a salir de la carrera, debiera poseer un tema para tesis; pero ya ven, con eso de que el tiempo parece detenido, pues nada salía aún de mi raciocinio.

Ya que hallé un asunto más o menos acorde con mis intereses (y cumplir lo que en jerga se llama “anteproyecto”), debí escudriñar en la Facultad quién me dirigiera la tesis. Buscando y pensando, la misma maestra del consejo que antes cité, se nombró, de facto, la directora de mi tesis (¿ya ven por qué dije que era solícita?). Luego de las burocracias propias del caso, estábamos listos.

Pasado algún tiempo, en que invertí varias horas de mi espalda para viajar a fin de entregar avances de la investigación, sentarme frente a libros que ahora debía leer como a destajo, fichar en bibliotecas ajenas, escuchar sabias palabras de mi directora (al son de “habría que ver, habría que revisar, habría que releer, habría que investigar…”) y redactar, nótese el cambio, en una PC que en tales ayeres me costó un ojo de la cara, hubo fruto de mis esfuerzos cuando conocí la versión cuasi definitiva de mi tesis, la cual ya incluía desde los agradecimientos hasta el logotipo del impresor.

Esto me llenó de un gran placer que sólo se contravino cuando debí continuar con el proceso: recopilar certificados (de bachillerato, de licenciatura, de servicio social, de servicio social profesional, de no adeudo en la Biblioteca Central, de no adeudo en la Biblioteca de Filosofía, ídem de laboratorios de la Universidad de Guanajuato –como si hubiera cursado un laboratorio de literatura mística, por ejemplo–, de lengua extranjera, de pago de derechos en Tesorería, la carta de pasante, etcétera). Tan sólo la búsqueda y cumplimiento de estos documentos me llevó dos meses.

Una vez que finiquité el papeleo, fui ante el secretario académico para que me otorgara la licencia de ser licenciado, esto es, que fijara la fecha del examen. Hasta aquí habría terminado el suplicio, pero no: dicho funcionario me solicitó el nombre de los sinodales; yo debía “sugerir” y él aceptar, lo cual era mero trámite, pero eso implicaba evocar qué maestros podrían no sólo leer con gusto y profesionalismo mi tesis, sino garantizar implícitamente (yo temblaba con esto) que no me iban a reprobar a la hora de la hora. Di los nombres y salí, con las manos sudorosas.

Mientras eso ocurría, debía estar al pendiente de minucias del tamaño del mundo: cuántos iban a venir a la casa, tras el examen, además de mis familiares; qué les iba a dar de comer o de cenar (urgía para eso saber fecha y hora); cuántas cervezas se toma un ciudadano común y cuántas un egresado de Filosofía y Letras; cuál es la diferencia entre un traje color gris Oxford y uno negro. Vaya que eran momentos de verdadera tensión. Por fin, cuando cada uno de los sinodales tuvo en sus eruditas manos un ejemplar de mi tesis y la leyó en una millonésima de semana, me citaron para el examen recepcional, en fecha y hora francamente infortunadas: un último viernes de actividades administrativas, a las cuatro de la tarde. Ni modo. Suspiré y me alisté para lo que supuse mi definitiva noche de insomnio nerviosa.

Durante el examen, uno de los sinodales alabó mi tesis, pero me dio un sofocón: en vez de indagar sobre algún tópico que contenía mi texto, me pidió que respondiera, delante de mis seres queridos, si la tesis era el postrero trabajo como estudiante o bien el inaugural como profesionista de las letras; contesté una gran ambigüedad: que era el de un profesional literato que seguiría estudiando con afán. Cuando le tocó turno, el otro sinodal se lanzó a mi bulbo raquídeo: me pidió leer de nuevo cierto pasaje donde yo aseguraba no sé qué cosas, con las que él no estaba de acuerdo. El caso es que oré con tono docente cosa de veinte minutos. Todavía ignoro si lo convencí o lo rendí por cansancio. Y yo, en todo ese lapso, metido en un traje que me hacía sentir cada vez más inerte.

Finalmente, mi maestra directora hizo una preguntita para cumplir con el acto, salí del auditorio acompañado de la audiencia para que deliberaran los examinadores, recibí varias palmadas de respeto y algunas de conmiseración, bebí agua y esperé. Pasado un rato, volvimos a entrar, oí que me aprobaron por unanimidad, rendí protesta y escuché un estruendoso aplauso (raro, porque nomás éramos once personas en ese recinto), sonaron algunos cuetes y ya: era un licenciado en Letras Españolas.

A partir de ese entonces, digo y me dicen que soy un profesional. Muchas gracias.

Sección 1

Instrucciones: relaciona ambas columnas. En la columna derecha aparecen palabras sacadas del texto que leíste; en la columna izquierda están anotados los conceptos o significados:

1. Detalles que en apariencia son pequeños pero que tienen gran importancia y son problemáticos. ( ) Intríngulis
2. La esencia, la base y la meta de una actividad, como estudiar, trabajar o reflexionar. ( ) Indolente
3. Hacer una búsqueda o una selección, con el fin de hallar lo más pertinente o indicado para el caso. ( ) Escudriñar
4. Persona con poco compromiso con lo que hace, que vive el momento sin preocuparse del futuro. ( ) Finiquité
5. Acabar o cumplir un evento, tras un largo proceso. ( ) Minucias

Sección 2

Instrucciones: señala en el paréntesis la frase o palabra que más se asemeje o cuyo significado sea similar a lo que está destacado en cada párrafo:

1. Buscando y pensando, la misma maestra del consejo que antes cité, se nombró, de facto, la directora de mi tesis (¿ya ven por qué dije que era solícita?).
( ) Sin invitación ( ) Por propia decisión ( ) Por costumbre
2. (…) hubo fruto de mis esfuerzos cuando conocí la versión cuasi definitiva de mi tesis, la cual ya incluía desde los agradecimientos hasta el logotipo del impresor.
( ) Perfecta ( ) Irregular ( ) Cercana
3. (…) yo debía “sugerir” y él aceptar, lo cual era mero trámite, pero eso implicaba evocar qué maestros podrían no sólo leer con gusto y profesionalismo mi tesis, sino garantizar implícitamente (yo temblaba con esto) que no me iban a reprobar a la hora de la hora.
( ) Seleccionar ( ) Eliminar ( ) Olvidar
4. (…) me citaron para el examen recepcional, en fecha y hora francamente infortunadas: un último viernes de actividades administrativas, a las cuatro de la tarde. Ni modo.
( ) De mala suerte ( ) Un poco ridículas ( ) Sin opción de cambiar
5. Cuando le tocó turno, el otro sinodal se lanzó a mi bulbo raquídeo: me pidió leer de nuevo cierto pasaje donde yo aseguraba no sé qué cosas, con las que él no estaba de acuerdo. El caso es que oré con tono docente cosa de veinte minutos.
( ) Explicar en detalle ( ) Rezar con mucha fe ( ) Hablar sin reflexionar

Sección 3
Instrucciones: escribe al menos 2 acciones que describan el concepto que se pide. Observa el ejemplo:

CONCEPTO ACCIONES
Rutina Bostezos disimulados en las cátedras.
Charlas frente a un café americano.
Sesiones solitarias en la biblioteca.
Escritura de ensayos.
Desveladas en casa de quién sabe quién.
CONCEPTO ACCIONES
Intervención de los sinodales
CONCEPTO ACCIONES
Papeleo
CONCEPTO ACCIONES
Investigación
CONCEPTO ACCIONES
Salida del examen
CONCEPTO ACCIONES
Búsqueda de tema para la tesis

Sección 4
Instrucciones: señala en el paréntesis la opción que contesta cada pregunta:

1. ¿Cuál es el tema central del texto?
( ) El ejemplo de cómo es un examen recepcional.
( ) Los problemas al presentar un examen recepcional.
( ) La mejor manera de presentar un examen recepcional.
2. ¿Cómo se refleja el cambio de situación económica del narrador?
( ) En la necesidad de titularse y dejar de ser estudiante.
( ) En hacer la investigación de la tesis y eliminar la flojera.
( ) En el uso de una PC y abandonar la máquina Olivetti.
3. ¿Para qué buscaba el narrador sinodales profesionales?
( ) Para que le aprobaran en el examen.
( ) Para que leyeran con gusto la tesis.
( ) Para que le hicieran correcciones.
4. ¿Por qué necesitaba el narrador saber con exactitud la hora y fecha del examen?
( ) Porque quería saber las posibles preguntas de los sinodales.
( ) Porque quería saber si se iba a desvelar la noche anterior.
( ) Porque quería saber qué podía ofrecer a sus invitados.
5. ¿Por qué el narrador se extrañó de escuchar un estruendoso aplauso?
( ) Porque por fin era un licenciado en Letras Españolas.
( ) Porque había poca gente en el auditorio.
( ) Porque los cuetes sonaron más fuerte que los aplausos.

Foro
Instrucciones:
Ingresa al foro que aparece en la plataforma del curso.
Responde la pregunta: ¿Por qué es importante leer textos literarios?
Revisa las respuestas de tus compañeros, selecciona dos y retroaliméntalas.

Conclusiones

La anterior propuesta es una alternativa. Ésta puede incluir un texto elaborado por algún otro escritor, pero la condición es que el asesor-diseñador del ejercicio contemple el escrito como herramienta para la adquisición de competencias disciplinares de comunicación.

El ejercicio que se diseñe debe apelar, como marco teórico, a cuestiones semánticas y en equilibrio con la pertinencia a lo expuesto en el anterior párrafo, esto es, que se debe reflexionar acerca de la pertinencia del texto literario para poder aplicarlo a los estudiantes.
La recomendación es que los estudiantes puedan compartir su experiencia de aprendizaje, por lo que sería ideal la creación de un foro con el ejercicio.

La literatura, su práctica y ejercicio deben partir desde una perspectiva lúdica y como una experiencia gozosa para comprender y apreciar a la realidad; se desaconseja una perspectiva punitiva u obligatoria para diseñar actividades u objetos de aprendizaje, pues esto desvirtuaría a la literatura como praxis docente.

Referencias

Barthes, R. (2011). “Introducción al análisis estructural del relato literario”. Análisis estructural del relato literario. México: Ediciones Coyoacán.

Habermas, J. (2005). Teoría de la acción comunicativa II. México: Taurus.

Hernández, M. (2000). Manual para el fomento de la comprensión de textos. Un enfoque didáctico. México: Secretaría de Educación Pública.

Macías, F. (2006). Nuevo profesionista. Crónica de un examen recepcional. [Texto sin publicar].

Ortega, D. (2008). Educación, ciudadanía y postmodernidad. Madrid: Gens.

Perrenoud, P. (2007). Desarrollar la práctica reflexiva en el oficio de enseñar. Barcelona: Graó.

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