El docente a distancia: agente comunicativo

Experiencias de bachillerato a distancia

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El docente a distancia: agente comunicativo Francisco Javier Macías Mendoza*

Resumen

La educación a distancia implica una revisión del acto comunicativo que ésta conlleva. A partir de una reflexión totalmente personal –así como derivado de tal experiencia–, esta ponencia pretende ilustrar la situación y derroteros típicos de un profesor que se inserta en dicha modalidad.

Paralelamente se analizarán las funciones, dentro de este acto comunicativo, que un docente a distancia debe cumplir al ejercer su labor cotidiana, ya sea como asesor o como tutor de los estudiantes.

Palabras clave: educación universitaria, educación a distancia, comunicación.

Presentación

La primera impresión de la labor docente universitaria, en su sentido más amplio y tradicional, es que el maestro debió ser una especie de mal profesionista, alguien quien no ha podido cumplimentar eficientemente un trabajo en una empresa, ente de gobierno o por iniciativa propia. Parece que esto de ser maestro es un refugio para los que tienen negada la puerta al éxito inmediato. Y así, podemos hallar ejemplos de catedráticos que nunca trabajaron en nada que no fuera dictar (sí, esa es la acepción correcta) durante horas y aun años, el mismo discurso, mientras sus alumnos no apreciaban como útiles sus clases, más que como forma de obtener una valoración numérica llamada calificación.

Sin dejar de lado este juicio, vale también la pena resaltar el caso de los profesionistas que “sienten” como un compromiso social dedicarse a la docencia. Aquéllos que ya han trabajado con relativo éxito en la esfera de su profesión, pero que se dedican a la cátedra; que combinan el trabajo en empresa, ente gubernamental o iniciativa propia, con las sesiones en un salón de clases. En esta tipología de maestro debemos enfocarnos. Así, tales maestros tienen la ventaja de traer de primera mano cómo está el mundo, lo que un empresario requiere contratar o lo que una institución considera pertinente encontrar en sus funcionarios, amén de saberse desenvolver en la cotidianeidad. Por lo anterior, resulta imperativo localizar y dar un seguimiento puntual a este tipo de maestro. Porque este maestro puede (aunque ni lo sepa o tampoco tenga real cabalidad de esto) desarrollar en los alumnos procesos de aprendizaje enmarcados en un matiz eminentemente comunicativo, que sea certero y garante de adaptarse a la esfera laboral.

Este breve trabajo, amén de ser una reflexión personal sobre la enseñanza universitaria y la comunicación, pretende ser un somero catálogo de intríngulis que puede enfrentar un maestro en la modalidad a distancia.

Los roles de un maestro universitario

Al iniciarme hace ya 15 años en la docencia universitaria, me preguntaba si estaba en el sitio correcto. Porque desde el principio mi labor no sólo era “dar clases”, sino también cumplir labores de indagar en materiales alternativos para las asignaturas que impartía, qué tareas dejar a diario, planificar citas donde el alumno expusiera sus expectativas y sus responsabilidades (casi siempre eran reuniones de promesas y metas por cumplir, o de amenazas veladas por no cumplir); también, yo debía citar a los padres del alumno para analizar un camino viable de apoyo con el fin de que el estudiante pudiera ponerse al corriente con sus tareas y su aprendizaje. De esta forma, debí considerar que la labor educativa se formula básicamente en la tríada alumno-profesor-padre.

Aparte, yo debía continuar siendo un profe normal, que impartía clases tan agradables como mi elocuencia lo permitía: un día disertaba sobre sor Juana y su posible lesbianismo (inferencia de algún alumno avezado), ora acerca de la presencia de frases como “haiga” en la novela Pedro Páramo y por qué algo incorrecto no es tan incorrecto en un texto literario, pero no debe ser usado como correcto en el lenguaje cotidiano, etc. Y esta práctica duró años.

Luego, tal experiencia debí ponerla sobre mi conciencia al dedicarme a ser un “Profesor Experto en Contenido” (al menos así se lee en unas tarjetitas que tan amablemente imprimieron con mi nombre). El caso es que actualmente debo diseñar, intervenir en las instrucciones, plantear ejercicios, inmiscuirme en las imágenes, proponer textos alusivos, entrometer con textos de mi creación, asesorar alumnos en cursos como Narración y Exposición, Tipos y Análisis de Textos, Ortografía y Literatura, injerir en las formas en que ellos pueden mejorar su aprendizaje; evaluar, mezclarme en sus ejercicios y calificar al asignar números que valoran su conocimiento adquirido. Si durante años mi labor docente universitaria se resumía en una tríada, de ahora en adelante esto cambió. Veamos con mayor detalle esta evolución.

Si se parte de la premisa que los problemas se resuelven con una metodología dialéctica, entonces podemos diseñar soluciones adecuadas, pertinentes y duraderas: los problemas requieren información vasta, solicitan de todos los actores que intervienen en una actividad tan sensible como la educación. Entonces es posible detectar un plan de acción que obedecería a un contexto específico. Llegado a este punto, podemos identificar ciertas reflexiones en aras de un plan en materia educativa:

  • Qué actividades cumple un docente.

  • Cuándo participan los padres de familia y la sociedad en el proceso educativo.

  • Los roles de un profesor universitario hacia sus estudiantes:
  • Liderazgo

  • Investigación

  • Mantenimiento

  • Motivación

  • Control

Con tales requerimientos a la vista, es posible enunciar las especificidades de un docente en el ámbito de la educación a distancia.

El docente a distancia: ente comunicativo

Una vez que se ha reflexionado sobre los susodichos antecedentes y roles de un maestro universitario, debe recapacitarse sobre las particularidades de la educación a distancia.

Así, es válido preguntarse si un curso a distancia mantiene el interés del estudiante, si potencia su experiencia, si plantea un entorno de aplicación con su realidad, si las herramientas son adecuadas y en qué momentos del proceso deben insertarse, etc. De forma paralela, debe verificarse cuáles son las necesidades en el tenor de la comunicación de un estudiante a distancia respecto al profesor. De esta manera, el profesor debe dar seguimiento en cuestiones de asesoría, pero a la vez leer entre líneas con qué inconvenientes puede enfrentarse el estudiante: las puramente tecnológicas y las de carácter personal o socio-afectivas.

Hasta aquí podemos vislumbrar un perfil ideal del docente en el modelo a distancia. Un maestro eficiente encontrará en sus alumnos “colegas en formación” o, si uno se quiere poner renacentista, aprendices de un profesional. Otra característica utilísima es que este tipo de maestro debiera poseer las debidas habilidades para inducir, motivar y potencializar en sus estudiantes destrezas que les sirvan fehacientemente en la realidad laboral. Si el profesor no cuenta con ello, es mejor hacerlo reflexionar en este sentido, formarlo y hasta hacerlo partícipe de su propio desarrollo intelectual.

Cada cierto ciclo, los pedagogos y las autoridades involucradas en los asuntos educativos, se reúnen para dictaminar los pasos que se deben seguir, y cada cierto tiempo se dan cuenta de que estos problemas parecen ser indisolubles. Pero nadie se atreve a formular un modelo integral, incluyente, donde los actores de las sociedades se involucren, al cabo entes comunicativos, en todos los procesos que contiene la educación. Así como afirmamos que la cultura lo es todo, la educación incluye a todos, pero aún más: la comunicación es un atributo insoslayable. Lo interesante es aclarar, al menos como pura disección, cuál es el papel de la comunicación en este proceso. El diseño de estrategias de comunicación novedosas y la aplicación de un nuevo modelo educativo debería dar las respuestas. Ahora estamos en ciernes. La educación es el medio. Depende cuál sea el mensaje.

Ahora bien, para que la instrucción a distancia se convierta en una verdadera y eficaz modalidad educativa, es indispensable que se planeen cuidadosamente todas y cada una de las tareas, proyectos, medios y herramientas que intervienen en este proceso, con una perspectiva comunicativa. Con este criterio, existe diversidad de ventajas al utilizar la modalidad a distancia, entre las que podemos mencionar:

  • El estudiante puede adaptar el estudio a su horario personal.

  • Existe retroalimentación permanente.

  • Suscita la interacción.

  • Promueve el trabajo colaborativo.

  • El estudiante es protagonista de su propio proceso formativo.

  • El estudiante recibe una instrucción personalizada.

  • Mejora el desempeño del docente, pues una parte del tiempo que antes dedicaba a la clase, se invertirá en un mejor diseño curricular e investigación.

  • Ampliación de cobertura, la cual mejora el acceso a la educación, eliminando las barreras de lugar y tiempo, características de la educación tradicional.

  • Desarrolla la creatividad del estudiante y motiva que busque la información por sí mismo.

  • Es oportuno para datos, textos, gráficos, sonido, voz e imágenes.

  • La comunicación es eficiente y simultánea por medio de mensajes, conferencias, foros, entre otros.

  • Es económico, porque no es necesario desplazarse hasta el centro educativo.

  • Es compatible con la educación presencial, en cumplimiento del programa académico.

  • Es innovador en relación con nuevos escenarios de aprendizaje.

  • Es efectivo porque permite conocer los últimos descubrimientos y sucesos a través de Internet y los sistemas de información.

  • Estimula la comunicación en todo momento.

La educación a distancia emerge para responder a la necesidad del tiempo actual, en el cual el estudiante precisa desarrollarse de manera permanente pero a su propio ritmo, conciliando sus horarios de trabajo, de estudio, de socialización, de diversión y hasta de recreación. El papel del docente también debe cambiar. Como vimos antes, éste requiere desarrollar funciones de liderazgo y asesoramiento, con el fin de tener la capacidad de incursionar en la sociedad del conocimiento. El docente se transforma entonces en el facilitador, guía, tutor, promotor, consejero, impulsador y acompañante del estudiante.

Conclusiones

Es importante tener en cuenta que la educación a distancia tiene sus particularidades, en el sentido que facilita procesos y rompe el paradigma tradicional de la enseñanza presencial, en la cual se utiliza una metodología centrada en el método expositivo y el estudiante es simplemente un ente pasivo que recibía instrucción –muchas veces fuera de contexto– y conocimientos sin cuestionar.

En cambio, la modalidad a distancia no sólo promueve la interacción, también la  innovación, flexibilidad, pertinencia y comunicación.

El aprendizaje a distancia puede verse favorecido por el constructivismo, modelo educativo que utiliza la interacción en ambientes situacionales para estimular a los estudiantes a pensar y reflexionar mientras construyen sus propios conocimientos.

La educación a distancia es el reflejo del entorno globalizador, del que es imposible sustraerse. La polémica radica en lograr que esta forma de aprendizaje-enseñanza sea tan adecuada como el avance tecnológico y la praxis lo permitan.

El profesor que esté inmiscuido en la educación a distancia debe revisar su propia postura como agente de la comunicación.

*Francisco Javier Macías Mendoza, Profesor Experto en Contenido, Universidad Virtual del Estado de Guanajuato, frmacias@uveg.edu.mx, javiermam@hotmail.com