El diario reflexivo del estudiante: ventajas de su uso en la educación a distancia

Experiencias de bachillerato a distancia

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El diario reflexivo del estudiante:
ventajas de su uso en la educación a distancia

Graciela Gómez Martínez*

Resumen

La experiencia que resulta del trabajo realizado con varias generaciones del bachillerato universitario en su modalidad a distancia, en la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEMex), mediante la asignatura Desarrollo del potencial humano, ha llevado a buscar, elegir y probar instrumentos que apoyen los esfuerzos encaminados al seguimiento del proceso del aprendizaje del estudiante, que permitan un acercamiento sobre cómo se llevan a cabo las diferentes actividades que realiza, el grado de dificultad que les atribuye, la secuencia que sigue para su elaboración y, lo más importante, el reconocimiento de los aprendizajes logrados; todo ello a partir de un ejercicio reflexivo, recuperado en el diario del estudiante.

Esta acción cumple con una doble función: permite al estudiante realizar un ejercicio metacognitivo para revisar y narrar su proceso y los resultados logrados a partir de éste; y por otra parte, al profesor le prodiga información valiosa para la revisión y, en su caso, adecuación de la propuesta didáctica.

Palabras clave: diario del estudiante, práctica reflexiva, aprendizaje crítico-reflexivo


Introducción

Cuando se trabaja en la modalidad a distancia se tienen pocas oportunidades para asistir, presenciar o atestiguar el trabajo y procesos seguidos por los alumnos en la construcción de las actividades escolares. La barrera espacial y temporal coloca al profesor y al alumno alejados el uno del otro; por tanto, el docente precisa contar con herramientas como el diario reflexivo, que le permita tener un conocimiento más cercano y puntual respecto a cómo es que vive el estudiante las diferentes etapas del ejercicio educativo.

Por lo anterior, en este artículo se abordará lo relativo al manejo del diario reflexivo del estudiante como herramienta pedagógica y de evaluación; dando cuenta de: ¿qué es el diario reflexivo?, ¿con qué intención educativa se incorpora?, ¿a partir de qué elementos se estructura?, ¿cuál es su fundamento teórico?, ¿cómo y con qué resultados se ha utilizado?, y ¿qué ventajas reporta el uso permanente de esta herramienta para la evaluación del proceso en general y el desempeño de los actores del ejercicio educativo en particular? Así pues, la experiencia en relación con la utilización de esta herramienta, será el tema central de esta participación.

¿Qué es el diario reflexivo?, ¿con qué intención educativa se incorpora?, ¿cómo se estructura?, ¿en qué fase del proceso se inserta y qué momentos y aspectos recupera?

De acuerdo con Imbernón (s/f), el diario recoge la “conversación” (o impresiones producto de la interacción) entre la persona que lo realiza, las temáticas o contenidos de las diversas actividades y las situaciones que, alrededor de éstos, se generen en el espacio del aula virtual de formación. Se trata de realizar una descripción analítica y reflexionada de, por ejemplo, las ideas, sentimientos y emociones que ha suscitado la lectura de los materiales de estudio; la apreciación de la dinámica general del curso (estructura y contenido, procesos generados, tiempos asignados, dificultad de las tareas, entre otros); el contexto social más amplio en que se mueve el estudiante (casa, trabajo, comunidad de aprendizaje, etc.), e incluso de los problemas familiares, laborales, de salud (por citar algunos), que en ocasiones pudieran ocasionar retrasos en la entrega o merma en la calidad de los productos entregados (Imbernón, s/f).

La elaboración del diario de reflexión tiene como propósito, de acuerdo con Alfageme (2007): “ayudar a reflexionar sobre la práctica cotidiana [como estudiantes], ser críticos con el trabajo realizado, ser responsables de su aprendizaje y coadyuvar al crecimiento personal y académico”. En este sentido, esta autora recomienda que el diario se lleve a cabo “recopilando distintas valoraciones y reflexiones sobre cada una de las prácticas [o actividades realizadas]”, en cuanto a:

Durante el curso,
al término de cada actividad

Al finalizar el curso

  • Dificultad de realización de la práctica y valoración del tiempo utilizado para su elaboración.
  • Pasos [que se siguieron] en la elaboración de la práctica.
  • Valoración de cómo se ha hecho la práctica, tanto individual como en grupo; cómo se ha trabajado y cuál ha sido la aportación o autoevaluación de la práctica [aprendizajes logrados].
  • Señalar qué habrían mejorado de cada práctica.
  • Valorar cada una de las prácticas según su utilidad para la asignatura y el desarrollo personal.
  • Mencionar cuál actividad les ha gustado más y cuál les ha gustado menos.

Fuente: (Alfageme, 2007).

El diario forma parte de las actividades de una semana, bloque o un periodo específico y da cuenta de la manera en que se vivió el proceso para la elaboración de la tarea en general, en relación con la planeación, ejecución y supervisión; abarca los momentos y actividades de inicio, desarrollo y cierre; además pone en juego procesos orientados a lograr la autonomía y autorregulación en el estudiante, lo que en su conjunto estarían ayudándolo a aprender a aprender. Entre los aspectos que ha permitido recuperar el diario, como producto de la sistematización de la experiencia, podemos mencionar:

  • Problemática para la comprensión de las instrucciones de las actividades y materiales de lectura.
  • Descripción del proceso seguido por el estudiante para la elaboración de la tarea:
    • Procesos básicos como poner atención, leer, comprender, obtener ideas principales y secundarias.
    • Procesos cognitivos como observación, análisis, síntesis, etc.
  • Aprendizajes logrados:
    • Reconocimiento de aspectos de la temática que les fueron especialmente significativos (temas que se relacionan con el momento que vive en la actualidad).
    • Reconocimiento de la futura aplicación de los aspectos o temas revisados (actitud o disposición para seguir aplicando lo aprendido).
    • Resultados de la reflexión posterior a la realización de las actividades.
    • Interés para profundizar en la temática analizada.
    • Emociones y sentimientos que generó el aprendizaje de los temas de estudio.

El siguiente es un ejemplo de diario reflexivo del estudiante.

Este ejemplo nos muestra cómo a partir del uso del diario reflexivo se fomenta la actividad metacognitiva del estudiante, así como la transferencia de lo aprendido hacia otras asignaturas o situaciones de la vida cotidiana, además de poner en juego la habilidad de narrar.

¿Cuál el fundamento teórico metodológico de los diarios reflexivos? y ¿qué ventajas reporta el uso permanente de esta herramienta para la evaluación del proceso en general y el desempeño de los actores del ejercicio educativo en particular?

Para el profesor investigador de su práctica –con miras a transformarla–, es importante contar con marcos explicativos, recursos metodológicos y elementos en general que le permitan conocer qué y cómo aprenden los estudiantes, que lo conduzcan a mejorar su ejercicio docente y, a partir de esto, apoyar el logro de las finalidades educativas pretendidas. De este modo, el diario reflexivo puede usarse como “objeto de investigación” y como instrumento metodológico para evaluar o valorar: “las actividades del aula [virtual o el portafolio], las habilidades del pensamiento, la reflexión colectiva y la mediación docente; además del factor emocional y actitudinal en relación con la motivación, compromiso e interés que el estudiante deposita en las tareas realizadas” (Paniagua y Morán, 1999, citados en Rekalde, 2009).

De acuerdo con Zabala (2004, citado en Rekalde, 2009), “[…] el diario desempeña una función metacognitiva para quien lo elabora, ya que expresa en palabras una experiencia vivida, implica regresar a ésta, hacerla consciente y realizar un esfuerzo para plasmarla por escrito”. Este ejercicio de narración constituye, siguiendo a Benavides (2012), un paso indispensable para que se logre un verdadero aprendizaje, mismo que al integrar el análisis y el cuestionamiento de los paradigmas imperantes, permite avanzar hacia el aprendizaje crítico, reflexivo y transformador (Brockbank, 2008).

El uso de este diario tiene su fuerza en el soporte que le da la práctica reflexiva, dado el enorme potencial que ésta representa para la toma de conciencia sobre lo que se hace y cómo se hace.

La práctica reflexiva es inherente a la capacidad humana encaminada a la revisión y análisis crítico del quehacer, de las motivaciones del mismo, y de la evaluación de los resultados obtenidos (lo cual es aplicable tanto para docentes como para estudiantes). El profesor (así como los demás agentes educativos) tiene en sus manos una serie de herramientas que pueden llevarlo a analizar cada situación de una manera más racional, si se da la oportunidad de revisar los hechos desde la perspectiva personal (desde sus propios ojos), pero también desde la de su interlocutor (el estudiante) respecto de su forma de trabajar los contenidos educativos y sus resultados. De ahí que, llegado el momento de tomar decisiones, sea necesario tener en cuenta diversos criterios y alternativas que le permitan revisar las diferentes situaciones de manera profunda y crítica, y no sólo parcial y superficialmente.

Lo anterior buscaría dejar atrás experiencias en donde las decisiones obedecían más a la inercia o al “hacer más de lo mismo”, para dar paso a la reflexión para la acción (antes de), la reflexión desde la acción (en el momento de) y la reflexión sobre la acción (después de), que lleve a aprender, desaprender y reaprender de cada situación, devolviéndole o asignándole su carácter formativo a la experiencia consciente o, dicho de otra manera, a la toma de conciencia de lo que se hace, de cómo lo hace y de los resultados que se obtienen de eso que se hace (que implica, de acuerdo con Benavides, “darme cuenta de que me doy cuenta de que me doy cuenta”), entendiendo o asumiendo que “reflexionamos para orientar la acción futura” (Brubacher, 2000).

La información que se recaba a través del diario del estudiante permite ir regulando y ajustando la propuesta educativa en cada una de sus fases, al tener información de primera mano que le indica al profesor qué tan clara, adecuada o efectiva está resultando su propuesta didáctica para los estudiantes. Este ejercicio permite, como señala Rekalde (2009): “colocarse las gafas a través de las cuales ellos ven el mundo” y de esta manera estar en posibilidad de ponerse en sus zapatos, asistiendo de cerca a sus problemas, necesidades o carencias.

Es a partir de los diarios de los estudiantes que, continúa Rekalde (2009), podemos indagar y conocer “cómo viven nuestras acciones didácticas y a partir de ahí reflexionar e introducir innovaciones en nuestra docencia”. Esto nos coloca, necesariamente, en el camino de la educación permanente, al tratar de dar respuesta a los desafíos que presenta diariamente el ejercicio docente, que nos lleva a ubicar y aplicar otras formas de actuación para mejorar nuestra práctica.

Así pues, una adecuada práctica sea como estudiantes o como profesores tiene que ver con la toma de decisiones conscientes y reflexivas, en el marco de un plan de acción que augure el logro de los desempeños esperados (dado que es el resultado de un proceso sistemático, organizado y estratégico). De acuerdo con esto, conviene recuperar las enseñanzas de Dewey, quien desde principios del siglo pasado ya señalaba la necesidad de promover el pensamiento reflexivo, al considerar la conveniencia de ejercer una reflexión lógica o analítica, aplicada a la resolución de problemas reales (académicos y de la vida cotidiana).

Por todo lo anteriormente expuesto se estaría reconociendo y reafirmando, de acuerdo con Corrales Mora (2005), el potencial de la práctica educativa reflexiva (modelada por los docentes y ejercida por los estudiantes), al asumirla como un proceso crítico y concordante con la educación crítica, que considera el análisis para identificar relaciones, la inferencia para tomar en cuenta correlaciones razonadas, la explicación para afirmar los resultados, la interpretación para comprender y expresar, la evaluación para confirmar la credibilidad de las afirmaciones y la autorregulación para monitorear las actividades cognitivas (Facione, 1988, en Corrales Mora, 2005).

Es aquí donde podemos encontrar la fortaleza de aquellas recomendaciones o propuestas que nos lleven a clarificar o precisar la comprensión de ciertas cosas, mediante procesos de reflexión para la acción, desde la acción y sobre la acción permitiendo “mirar las cosas como diferentes de lo que son”. Así, es en este ejercicio (de mirar las cosas de distinta manera) donde cobra sentido la práctica reflexiva (como medio de análisis de significados), llevada a cabo por educandos y educadores, en una búsqueda de encontrar sentido a su quehacer, procurando enriquecerlo mediante la comprensión del acontecer cotidiano (Brockbank, 2008), expresado y recuperado a través de los diarios de los estudiantes.

Conclusiones

Es importante desarrollar la capacidad reflexiva que lleve a los estudiantes a cuestionar su papel como aprendices y a replantearse su postura ante el aprendizaje, asumiendo el papel protagónico, autogestivo y autodeterminado para asumir el reto de aprender a aprender.

Una competencia importante por desarrollar, para coadyuvar a lograr el perfil pretendido en el nivel medio superior, es el pensamiento crítico y reflexivo del estudiante que lo lleve a lograr un aprendizaje transformador. Es necesario considerar que cualquier innovación educativa debe acompañarse de un cambio en la forma de evaluar implementando nuevos instrumentos, como los diarios reflexivos del alumno, que permitan constatar el logro de las competencias previstas por parte de los estudiantes; y, además, tener referentes confiables sobre cómo está funcionando la planeación didáctica, que sirva de insumo para las propuestas de mejora y guía para orientar el proceso de formación permanente del profesor, desde el punto de vista como “investigador de su práctica”.

En ese sentido, el docente-investigador de su práctica que busque acercarse al conocimiento y comprensión de la realidad del aula virtual, puede valerse de la reflexión para, desde y sobre la acción, como marco conceptual y metodológico, acceder a ella en toda su complejidad, contando para ello con los diarios de los estudiantes.

Referencias

Alfageme, G. M. B. (2007). El portafolio reflexivo: metodología didáctica en el
EEES. Recuperado de http://revistas.um.es/index.php/educatio/article/viewFile/720/750

Benavides, I. (2012). Diplomado en competencias tecnopedagógicas y habilidades
digitales para docentes. Módulos 11 y 12. Puebla, Puebla.

Brockbank, A. y McGill, I. (2008). Aprendizaje reflexivo en la Educación Superior.
España: Morata.

Brubacher, J. W., Case, Ch. W., Reagan, T. G. (2000). La práctica reflexiva y el
docente. En Cómo ser un docente reflexivo. España: Gedisa.

Corrales Mora, M. (2005). El profesor como pensador crítico. En Lozano, R. A.
(Coord.). La reflexión en la enseñanza. México: Trillas.

Imbernón, F. (s/f). El portafolios o carpeta de aprendizaje. Recuperado de
http://webpages.ull.es/users/mgallard/Portafolios_IMBERNON.htm

Rekalde, R. I. (2009). ¿Cómo podemos aprender a mejorar nuestras prácticas docentes? Los diarios del alumnado universitario: Herramienta de formación permanente del profesorado. En Bordón, Revista de pedagogía, 61(4).

* Graciela Gómez Martínez
Experto en contenidos para el área de Desarrollo Humano
Universidad Autónoma del Estado de México
grace_gm_99@yahoo.com