Desescolarizados y desafiliados: nuevas problemáticas de los jóvenes de educación media superior en México

Artículo por invitación

Desescolarizados y desafiliados: nuevas problemáticas
de los jóvenes de educación media superior en México

Francisco Miranda López*

Resumen

Este trabajo discute los procesos de desescolarización y desafiliación educativa que experimentan los jóvenes de educación media superior en México. A partir de la situación de vulnerabilidad social que los caracteriza, se identifica el patrón de crecimiento de este nivel educativo, destacando los problemas de segmentación, eficiencia interna y calidad educativa. Se propone, asimismo, una caracterización empírica y conceptual de los jóvenes desescolarizados y desafiliados, al la cual se suma una sistematización cualitativa de los temas que reflejan las tensiones entre la cultura escolar y la cultura juvenil consideradas como factores de desafiliación educativa.

Palabras clave: ; ; ; ;



Share on FacebookShare on Google+Tweet about this on TwitterEmail this to someonePrint this page

Introducción

Los jóvenes atraviesan fuertes tensiones de identidad, además de enfrentar la difícil ruptura de los espacios tradicionales de transición a la vida adulta; es decir, la trayectoria convencional de los jóvenes marcada por la transición –normal y ordenada– de la familia a la escuela, y de ésta al trabajo, para posteriormente emanciparse y ejercer plena ciudadanía, se rompió no hace poco para una importante proporción de jóvenes (Pérez, 2013).

Frente a lo anterior, se observan desajustes que, ante lo que podrían denominarse “tendencias de escolarización”, conviven con otros problemas de cobertura y deserción escolar. Así, la “desescolarización” se refleja en los jóvenes que, aún teniendo la edad escolar normativa, no tienen la oportunidad de acceder a la educación media superior (EMS) o, teniéndola, abandonan la escuela por diversas razones. A ello se suma un nuevo problema emergente de repercusiones mayores: la desafiliación educativa, que refiere al proceso de desprendimiento o “desenganche” entre los jóvenes y la cultura académica escolar.

En este trabajo se aportan diversas evidencias empíricas y elementos conceptuales para dar cuenta y entender los fenómenos asociados de desescolarización y desafiliación educativa en los jóvenes de educación media superior en México. Para ello se desarrollan tres apartados.

En el primero se describen las características más relevantes de la dinámica entre escolarización-desescolarización a partir de información que denota la situación de la vulnerabilidad social de los jóvenes en México y el patrón de crecimiento de la educación media superior, así como los problemas de eficiencia interna y calidad educativa que lo caracteriza. El segundo apartado se dedica al desarrollo de una primera aproximación cuantitativa y conceptual sobre los jóvenes desescolarizados y desafiliados en educación media superior a efecto de disponer de una cartografía inicial de la magnitud del problema. Finalmente, en el tercer apartado se describen brevemente los temas y ámbitos en los que se refleja la desafiliación educativa visto desde la narrativa de los jóvenes.
Se presentan por último, a manera de cierre, algunas conclusiones y consideraciones finales.

La dinámica escolarización-desescolarización en educación media superior

La población de 15 a 17 años en México –edad normativa de los estudiantes de educación media superior–, creció de 2000 a 2010 en cerca de 539 mil personas, al pasar de 6,209,129 a 6,741,877, según los resultados de los Censos de población y vivienda 2000 y 2010. Del total de población en edad de asistir a la educación media superior, la mayoría son no indígenas (93.7%) y habitan en zonas urbanas (73.3%), sin mostrase diferencias por género, dado que prácticamente la mitad son hombres y la mitad son mujeres (INEGI, 2010).

Con independencia del género, etnia o zona donde se adscriben, adolescentes y jóvenes entre 15 y 17 años, pertenecen a una de las franjas de población más vulnerables en el país. Según datos del CONEVAL, de acuerdo con la medición oficial 2010, mientras el 42.1% de la población mexicana de 18 años y más –equivalente a 30.7 millones de personas– vivía en condiciones de pobreza multidimensional; la población de 15 a 17 años en esta misma condición era del 48.2%, equivalente a 3.3 millones de personas (Tabla 1).

Tabla 1.Medición de la pobreza, Estados Unidos Mexicanos, 2010
Indicadores de pobreza y carencia social.

Indicadores de incidencia Población de 15 a 17 años Población de 18 años y más
Porcentaje Millones de personas Porcentaje Millones de personas
Población en situación de pobreza 48.2 3.3 42.1 30.7
Población en situación de pobreza extrema 11.3 0.7 9.9 7.2
Población vulnerable por carencias sociales 30.0 2.0 32.1 23.4
Población vulnerable por ingresos 5.0 0.3 5.0 3.6
Rezago educativo 18.4 1.2 26.5 19.3
Carencia por acceso a los servicios de salud 32.5 2.2 32.9 23.9
Carencia por acceso a la seguridad social 66.7 4.5 58.9 42.9
Carencia por calidad y espacios de la vivienda 17.0 1.1 12.5 9.1
Carencia por acceso a los servicios básicos en la vivienda 17.9 1.2 20.7 15.1
Carencia por acceso a la alimentación 29.7 2.0 22.3 16.3

Fuente: Estimaciones del CONEVAL (2010) con base en el MCS-ENIGH.

Asimismo, del total de la población de 15 a 17 años, el 11.3% estuvo en situación de pobreza extrema y el 5% resultó vulnerable por ingresos. En lo que respecta al cumplimiento de los derechos sociales, la población entre 15 y 17 años tiene, en general, los valores de carencia social más altos comparado con la población de 18 años, y más respecto a indicadores relativos al acceso a seguridad social (66.7% comparado con el 58.9%), al acceso a la alimentación (29.7% comparado con 22.3%), a la calidad y espacios de vivienda (17% respecto a 12.5%) y a los servicios básicos en la vivienda (17.9% contra 20.7%).

Sólo en el indicador de rezago educativo la población menor de 18 años tiene un valor significativamente menor que la población de 18 años o más –del 18.4% comparado con el 26.5%, respectivamente–, lo cual obedece a que la cobertura educativa alcanzada en la últimas décadas ha permitido aumentar la matrícula y reducir considerablemente la inasistencia escolar entre la población más joven, situación en la que el acceso a la educación media superior también ha jugado un papel importante.

En efecto, diversos indicadores permiten afirmar que la educación media superior presenta en la actualidad un nivel de desarrollo más alto que el observado hace 10 años. De acuerdo con información aportada por la Secretaría de Educación Pública (SEP), la tasa bruta de escolarización1 pasó de 47.6% en el ciclo escolar 2000-2001 a 69.1% en el ciclo escolar 2012-2013, experimentando un crecimiento de más de 21 puntos porcentuales, en tanto que la tasa neta de escolarización2, se incrementó en 20%, al pasar del 34.5% en el ciclo escolar 2000-2001 al 55.7% en el ciclo escolar 2012-2013. Así también, se observa un importante decrecimiento del porcentaje de población de 15 a 17 años con extraedad grave3, al pasar de 28.2 en 2000 a 18.9 en 2010 (Tabla 2).

Tabla 2.Indicadores de masificación en EMS nacional 2000, 2010 y 2013.

Indicadores de masificación Efectos de la masificación
Indicador Ciclo escolar 2000-2001 Ciclo escolar 2012-2013 Indicador Ciclo escolar 2000-2001 Ciclo escolar 2012-2013
Tasa bruta de escolarización en media superior 47.6 69.1 Deserción en media superior 17.5 13.1
Tasa neta de escolarización en media superior 34.5 55.7 Reprobación en media superior 37.4 32.1
Eficiencia terminal4 57.0 65.3
Porcentaje de población de 15 a 17 años con extraedad grave 28.17* 18.9*
Rezago educativo5 de la población de 15 a 17 años 22%

*Dato disponible para 2000 y 2010.
Fuentes: SEP (2013) y cálculos propios con base en los censos de población y vivienda 2000 y 2010.

Es un hecho, hoy acceden a este nivel educativo, adolescentes y jóvenes que hace 10 años no lo hacían. Si bien el crecimiento de la oferta de educación media superior ha permitido una ampliación relevante de la escolarización de nuestros jóvenes, diversas restricciones socioeconómicas, familiares, escolares y personales no han permitido cumplir a cabalidad la meta de ofrecer a todos la posibilidad de acceso, permanencia, egreso y resultados que se esperaría como lo estipula un marco social de derechos de los jóvenes y, en especial, del derecho a una educación de calidad.

De acuerdo con la Encuesta Nacional de Juventud 2010 (Tabla 3), la situación real de los jóvenes en edad de cursar la educación media superior es la siguiente: del total de la población entre 16 y 18 años –que es de alrededor de 8 millones– el 51% se dedica sólo a estudiar; es decir, que apenas la mitad de los jóvenes en México experimenta el estado óptimo del “aprendiz” –o sea, que pueden disfrutar del derecho de dedicarse únicamente a estudiar–; la otra mitad, en contraste, vive condiciones difíciles en una escala que va de menor a peor: 15%, de esta otra mitad, son encomiables “guerreros”, porque hay que ser verdaderos guerreros para atender la doble jornada, la del trabajo –además de un trabajo precario– y la del estudio; otro 17% se dedica sólo a trabajar viviendo la experiencia temprana de ser casi “soldados rasos” para alimentar a un ejército de trabajo informal, mal remunerado y sin seguridad; y el 18% restante vive en condición de vasallo –o joven NiNi como hoy lo conocemos–, que cosigna el hecho de que no estudia ni trabaja.

Tabla 3.Población de 12 a 29 años por grupos de edad según situación educativa ocupacional 2010.

Grupo de edad Total Estudia y trabaja % Estudia y trabaja Sólo estudia % Sólo estudia Sólo trabaja % Sólo trabaja No estudia ni trabaja % que no estudia ni trabaja % Total
Total 36,1995,662 3,962,549 10.94 14,048,808 38.81 10,365,125 28.6 7,819,180 21.6 100
12 a 15 8,622,613 1,015,777 11.78 6,825,332 79.15 261,800 3.0 519,704 6.0 100
16 a 18 7,951,088 1,167,349 14.68 4,038,972 50.79 1,334,301 16.7 1,410,466 17.7 100
19 a 23 9,348,079 1,051,013 11.24 2,354,128 25.18 3,356,351 36.0 2,586,589 27.7 100
24 a 29 10,273,883 728,411 7.08 830,377 8.08 5,412,674 52.6 3,302,421 32.15 100

Fuente: Encuesta Nacional de Juventud (2010).

Respecto a la otra mitad de la población de adolescentes y jóvenes que se encuentra dentro de la escuela, puede afirmarse que no tiene las mejores condiciones para permanecer, egresar y lograr resultados educativos exitosos.

De acuerdo con lo que muestra la Tabla 2, la absorción del sistema oscila ya en el cien por ciento –lo que significa que puede atender a casi la totalidad de los egresados de educación secundaria que solicitan ingreso–, la permanencia en los estudios y el egreso oportuno, a pesar de los avances mostrados durante la última década, resultan a todas vistas insuficientes. Así, la deserción escolar, si bien ha disminuido durante los últimos diez años al pasar de 17.5% en el año 2000 a 13.1% en el 2012, en términos absolutos sigue representando una gran cantidad de jóvenes superior a los 600 mil desertores al año. Asimismo, la reprobación escolar, a pesar de haber disminuido en aproximadamente cinco puntos porcentuales entre 2000 y 2012, sigue teniendo un peso relevante de 32.1%. Finalmente, por lo que se refiere a la eficiencia terminal, aunque también ha experimentado un comportamiento favorable durante la última década, al incrementarse del 57% al 65.3%, lo que a final de cuentas refleja es que de cada 100 alumnos que ingresa a educación media superior, sólo la terminan 65 después de concluidos los tres años respectivos.

Las causas del abandono o deserción escolar son múltiples y variadas, y están asociadas a diferentes dimensiones interrelacionadas. Entre las principales causas o razones destacan: a) razones económicas, como falta de recursos en el hogar o necesidad de buscar trabajo; b) asumir responsabilidades adultas a edad temprana, como embarazo precoz o asistencia en el hogar; c) falta de interés por los estudios y d) problemas de desempeño escolar, que incluyen bajo rendimiento y problemas de comportamiento (Abril y Román, 2008; Attanasio y Székely, 2003; Huerta, 2010; Goicovic, 2002, CEPAL, 2011, BID, 2012).

Sin embargo, diversas aportaciones empíricas de recientes encuestas nacionales e investigaciones educativas sobre el tema, permiten señalar el importante papel que adquieren los factores escolares en la deserción escolar. Muchos de ellos, operan como elementos de expulsión que afectan o impiden la participación activa de los estudiantes en la escuela, generando importantes problemas emocionales, de comportamiento y cognitivos que van desacoplando o desprendiendo paulatinamente a los estudiantes del ambiente escolar.

Así, en la reciente Encuesta Nacional de Deserción Escolar publicada por la SEMS en el 2012, se identifica claramente un grupo de factores escolares como causas de deserción de los adolescentes y jóvenes que apuntan a diversas situaciones problemáticas, tales como: el disgusto por estudiar, problemas para entenderle a los maestros, haberlos dado de baja por reprobar materias, haberles asignado un turno distinto al que querían, porque la escuela les quedaba muy lejos o ser expulsados por indisciplina. Aunque los factores económicos siguen siendo los más importantes con casi el 36%, junto con los problemas de embarazo temprano y matrimonio con cerca del 8%, lo cierto es que los factores escolares aportan a la deserción un porcentaje no despreciable de cerca del 30%, razón por la cual resulta imperativo colocar a la escuela como parte medular de la cuestión y de las estrategias de cambio (Miranda, 2012).

Conviene agregar a lo anterior la situación por la que atraviesa la oferta educativa de educación media y las restricciones que hoy enfrenta la diversidad de submodelos que la conforman; es decir, opciones como preparatorias, CCHs, CBETIs, CEBTAs, colegios de bachilleres, Conaleps, cecytes, cobaes, etcétera. La evidencia que aporta la investigación educativa y la propia realidad que viven los jóvenes permite sostener la afirmación de que la oferta de educación media superior en México es, hoy en día, cada vez más estratificada, es decir, que la oferta disponible más que responder a la diversidad, está generado estratos jerárquicamente diferenciados en calidad y prestigio lo que más que atenuar, reproduce la desigualdad social y la inequidad en las oportunidades de aprendizaje. Además de ello, se está generando un efecto negativo en la identidad de los adolescentes y jóvenes contribuyendo a incrementar la pérdida de sentido así como la frustración educativa en su experiencia escolar. A ello habría que agregar otros problemas asociados a la discriminación, intolerancia y violencia que no sólo forman parte de la vida social de los adolescentes y jóvenes, sino que también se presentan como parte de su experiencia escolar cotidiana.

Los factores anteriores no sólo pueden ser limitados al ámbito del abandono escolar o deserción. También aportan importantes elementos para entender buena parte de los problemas asociados al logro educativo que por desgracia es otra de las grandes debilidades de la educación media superior en nuestro país. Tal como lo ha hecho evidente tanto los resultados de las pruebas PISA a nivel internacional, como los de las pruebas ENLACE aplicadas en los últimos cuatro años en el ámbito nacional, casi las tres cuartas partes de los alumnos de educación media superior tienen resultados situados en los niveles más bajos de desempeño y competitividad, vistos en la perspectiva internacional comparada, o bien, la mayoría se ubica en los niveles de desempeño elemental e insuficiente, concebidos desde los objetivos propuestos por nuestro currículum nacional.

Hoy se dispone de evidencia empírica y sistemática que permite sostener la necesidad de poner mayor atención en los contenidos y procesos pedagógicos de la educación media superior. Obliga a prestar más atención a la capacidad de las escuelas para satisfacer sus expectativas, poner en claro las tensiones y conflictos entre la cultura juvenil-estudiantil y la cultura escolar a efecto de prevenir o corregir la frustración posible, el abandono o la desafiliación educativa. En el extremo, el riesgo mayor de esta situación no sólo serán los adolescentes y jóvenes que no entren a la escuela, o que una vez adentro deserten; sino también aquéllos que estando “escolarizados” e incluso habiendo terminado sus estudios, lo hagan con desinterés y escasos logros en la adquisición de conocimientos y habilidades, al punto que estemos clausurando su porvenir y el del país entero en el relevo generacional futuro.

Desescolarizados y desafiliados: una aproximación cuantitativa

Con la finalidad de disponer de una primera estimación cuantitativa de la situación que refleja la convergencia entre los jóvenes que no asisten a la escuela y aquellos que aun estando inscritos, manifiestan problemas de desafiliación educativa, en las Tablas 4 a 6 se presenta la información correspondiente a cada uno de estos rubros analíticos.

Considerando datos del Censo 2010, SEP y ENLACE, se identifica un grupo de jóvenes “desescolarizados”, compuesto por aquellos que nunca asistieron a la EMS (45.5%), a los cuales se suman los que alguna vez asistieron a la EMS pero desertaron, que equivale aproximadamente al 15% de la población que asiste a la escuela, pero que, en el conjunto de la contabilidad educativa propuesta, representa el 7.6% del total de la población juvenil en edad escolar. Es decir, hay un 53.1% de jóvenes que no están en la escuela o que asistieron, estuvieron un semestre o un año –periodo en que ocurre la deserción– y se fueron. A esos jóvenes los denominamos “desescolarizados”. Por otro lado, se ubica a los jóvenes escolarizados, es decir, los que sí se quedan en la escuela, que representan una proporción del 46.9%.

Con la finalidad de disponer de un criterio de clasificación de los jóvenes que están dentro de la escuela, se consideran los datos de la prueba ENLACE y la clasificación de logro educativo que se derivan de sus resultados: insuficiente, elemental, bueno y excelente. Se asume el supuesto de que los niveles de logro educativo son buenos estimadores de los grados o niveles de integración o desafiliación de los estudiantes a la cultura escolar.

A partir de esta clasificación se establecieron dos grandes grupos de estudiantes: integrados y desafiliados. Los primeros incluyen a aquellos estudiantes que se ubican en las categorías de bueno y excelente de la prueba ENLACE, en tanto que los segundos corresponden a los estudiantes que alcanzan puntajes de las categorías elemental e insuficiente.

Conceptualmente se formuló una subcategorización de estudiantes a efecto de darle un mayor significado analítico a su condición escolar desde el enfoque de sus grados de integración o desafiliación educativa. Así, para el caso de los jóvenes integrados se identifican los “jóvenes instrumentalistas” y “ los jóvenes vocacionalitas”; mientras que para el grupo de desafiliados, se distingue el grupo que está en “condición de riesgo”, respecto al grupo que sobrevive y se acomoda a las circunstancias escolares, asumiendo comportamientos similares, metafóricamente, a un “camaleón”.

De esta forma, considerando en principio los datos de habilidad lectora que mide la prueba ENLACE, se estima que del 46.9% de jóvenes que estudian la educación media superior en nuestro país, sólo el 25.4% puede considerarse integrado, en tanto que el 21.5% está en condición de desafiliación (tabla 4). Respecto a los jóvenes integrados, el 21.3% es considerado “instrumentalista”, es decir, son aquellos a los que no les interesa una carrera universitaria, sino que sólo quieren el papel para incorporarse al mercado de trabajo (Calicchio, de León, Gutiérrez, Lorenzo y Radakovich, 2004). En contraste, sólo el 4.1% de estos estudiantes son los que pueden ser considerados “ocasionalistas”, o sea, son jóvenes con vocación para el estudio y que van a seguir la trayectoria de la educación superior, los que Dubet y Martuccelli llaman los verdaderos liceístas o los herederos, según Bourdieu.

Por lo que hace al grupo de “jóvenes desafiliados”, éstos representan el 21.5% de los jóvenes que estudian. Pero de ellos, la mayoría (14.6%), dado su nivel de desempeño escolar , están sobreviviendo en la escuela, por lo que reflejan un comportamiento tipo “free rider” o de “gorrón escolar ”, o lo que Dubet y Martuccelli llaman los estudiantes “estratégicos”, puesto que calculan su actuación en la escuela sólo en términos de la certificación escolar, en menoscabo del capital cultural efectivamente incorporado.
Finalmente, dentro de este grupo de desafiliados, aparece el 6.9% de jóvenes que pueden ser considerados en riesgo, puesto que están en el umbral del abandono o del acomodo camaleónico educativo. En este grupo es donde seguramente está la mayor proporción de reprobados, de jóvenes en condición de rezago educativo o extraedad grave y, por supuesto, de jóvenes de más bajo desempeño educativo.

La situación anterior se refleja sólo si se considera los datos del logro educativo en lectura. Pero, si se compara con la situación observada en matemáticas, la situación se vuelve más grave, porque el porcentaje de jóvenes integrados disminuye casi a la mitad (de 25.4 a 11.4%), y el de desafiliados crece de manera relevante (de 21.5 a 35.5%). Asimismo, dentro del grupo de integrados, los jóvenes instrumentalistas disminuyen, en tanto que en el grupo de desafiliados crecen en proporciones similares los estudiantes en riesgo y los “free rider” (Tabla 5).

Al realizar un ejercicio promedio con los resultados de habilidad lectora y matemáticas se fortalece la hipótesis de los jóvenes en situación de desafiliación educativa (Tabla 6). En general se observa que la mitad de los jóvenes en edad de cursar la educación media superior esta fuera de la escuela, y que de la otra mitad que esta dentro de la escuela, casi cinco de cada 10 están en condición de desafiliación afectados por la situación de riesgo o por el eventual acomodo cínico a las reglas escolares. Sin lugar a dudas, este es el gran reto al que se enfrenta la tendencia hacia la escolarización en la educación media superior de nuestro país.

Tabla 4. Tipología de jóvenes de 15 a 17 años
(con datos de ENLACE, 2011 en habilidad lectora)

n % n %
Desescolarizados1 3,578,285 53.1 Población de 15 a 17 años que desertó2 510,731 7.6
Población de 15 a 17 años no escolarizada3 3,067,554 45.5
Escolarizados4 3,163,592 46.9 Población de 15 a 17 años integrados 1,717,646 25.4
Integrados instrumentalistas5 1,438,759 21.3
Integrados vocacionales6 278,887 4.1
Población de 15 a 17 años desafiliados 1,445,946 21.5
Desafiliados camaleónicos7 980,340 14.6
Desafiliados en riesgo8 465,605 6.9

1 Total de población de 15 a 17 años que asistió a EMS y desertó más el total de población de 15 a 17 años que nunca asistió a EMS (SEP, 2011-2012).
2 Total de población de 15 a 17 años que asistió a EMS y desertó (SEP, 2011-2012).
3 Total de población de 15 a 17 años que nunca asistió a EMS (SEP, 2011-2012).
4 Total de población de 15 a 17 años que asistió a EMS y permaneció (SEP, 2011-2012).
5 Porcentaje de estudiantes de EMS que alcanzó un nivel de dominio “bueno” en la prueba ENLACE 2011.
6 Porcentaje de estudiantes de EMS que alcanzó un nivel de dominio “excelente” en la prueba ENLACE 2011.
7 Porcentaje de estudiantes de EMS que alcanzó un nivel de dominio “elemental” en la prueba ENLACE 2011.
8 Porcentaje de estudiantes de EMS que alcanzó un nivel de dominio “insuficiente” en la prueba ENLACE 2011.

Tabla 5.Tipología de jóvenes de 15 a 17 años
(con datos de ENLACE, 2011 en habilidad matemática)

n % n %
Desescolarizados1 3578285 53.1 Población de 15 a 17 años que desertó2 510731 7.6
Población de 15 a 17 años no escolarizada3 3067554 45.5
Escolarizados4 3163592 46.9 Población de 15 a 17 años integrados 768227 11.4
Integrados instrumentalistas5 519688 7.7
Integrados vocacionales6 248539 3.7
Población de 15 a 17 años desafiliados 2395365 35.5
Desafiliados camaleónicos7 1254357 18.6
Desafiliados en riesgo8 1141008 16.9

1 Total de población de 15 a 17 años que asistió a EMS y desertó más el total de población de 15 a 17 años que nunca asistió a EMS (SEP, 2011-2012).
2 Total de población de 15 a 17 años que asistió a EMS y desertó (SEP, 2011-2012).
3 Total de población de 15 a 17 años que nunca asistió a EMS (SEP, 2011-2012).
4 Total de población de 15 a 17 años que asistió a EMS y permaneció (SEP, 2011-2012).
5 Porcentaje de estudiantes de EMS que alcanzó un nivel de dominio “bueno” en la prueba ENLACE 2011.
6 Porcentaje de estudiantes de EMS que alcanzó un nivel de dominio “excelente” en la prueba ENLACE 2011.
7 Porcentaje de estudiantes de EMS que alcanzó un nivel de dominio “elemental” en la prueba ENLACE 2011.
8 Porcentaje de estudiantes de EMS que alcanzó un nivel de dominio “insuficiente” en la prueba ENLACE 2011.

Tabla 6.Tipología de jóvenes de 15 a 17 años
(con datos de ENLACE, 2011 promedio nacional)

n % n %
Desescolarizados1 3578285 53.1 Población de 15 a 17 años que desertó2 510731 7.6
Población de 15 a 17 años no escolarizada3 3067554 45.5
Escolarizados4 3163592 46.9 Población de 15 a 17 años integrados 1236997 18.3
Integrados instrumentalistas5 973474 14.4
Integrados vocacionales6 263523 3.9
Población de 15 a 17 años desafiliados 1926595 27.4
Desafiliados camaleónicos7 1119063 15.9
Desafiliados en riesgo8 8075326 11.5

1 Total de población de 15 a 17 años que asistió a EMS y desertó más el total de población de 15 a 17 años que nunca asistió a EMS (SEP, 2011-2012).
2 Total de población de 15 a 17 años que asistió a EMS y desertó (SEP, 2011-2012).
3 Total de población de 15 a 17 años que nunca asistió a EMS (SEP, 2011-2012).
4 Total de población de 15 a 17 años que asistió a EMS y permaneció (SEP, 2011-2012).
5 Porcentaje de estudiantes de EMS que alcanzó un nivel de dominio “bueno” en la prueba ENLACE 2011.
6 Porcentaje de estudiantes de EMS que alcanzó un nivel de dominio “excelente” en la prueba ENLACE 2011.
7 Porcentaje de estudiantes de EMS que alcanzó un nivel de dominio “elemental” en la prueba ENLACE 2011.
8 Porcentaje de estudiantes de EMS que alcanzó un nivel de dominio “insuficiente” en la prueba ENLACE 2011.

Desafiliación educativa: el enfoque cualitativo

En diversos estudios se han identificado elementos, relatos y testimonios de jóvenes que muestran su rechazo y algunas veces, aversión hacia la escuela y los marcos en que se desarrolla la convivencia al interior de ella (SITEAL, 2013).
A continuación se presentan algunos temas o aspectos que reflejan las tensiones entre la cultura escolar y la cultura juvenil, sobre los cuales se montan los principales dispositivos de desafiliación educativa7.

La escuela castiga

Los jóvenes consideran que las reglas disciplinarias de la escuela no son claras y, en ocasiones, en lugar de buscar “contener” los factores que dificultan el “enganche” con la escuela, se reducen al castigo.
La escuela busca obediencia, participación, estudio, dedicación, respeto al maestro y a sus compañeros, pero muchos jóvenes no lo cumplen por las diversas realidades socioculturales de donde provienen.
Para los jóvenes, las reglas que se aplican en la escuela son castrantes y poco claras. La institución no es concebida como un espacio de participación y convivencia democrática, sino más bien como autoritaria y jerárquica.
Los jóvenes rechazan la escuela, porque en su interior no se les pide su opinión respecto del rumbo de ésta y menos aún de las dinámicas de aula; sólo se les exige seguir reglas que a veces no quedan claras, sin generar un espacio de participación y expresión de las opiniones de ellos como estudiantes y menos aún de sus familias. Esta situación llega a manifestarse alrededor del cansancio y falta de sentido

La cultura escolar no refleja el mundo juvenil

Las opiniones que expresan los jóvenes como crítica a la cultura escolar, es que ésta no incorpora temáticas de su interés en el currículum formal e informal. Los jóvenes afirman que en la escuela, no pueden conversar y aclarar sus dudas en un contexto acogedor, orientador, sino que encuentran, un discurso moralizador de parte de los adultos, con ausencia de códigos y símbolos compartidos, de sus vivencias, de sus intereses, de sus prácticas juveniles extraescolares, de su lenguaje, y de sus formas de ser. Los relatos de los jóvenes muestran que éstos aspiran a romper la brecha que existe entre la dinámica escolar cotidiana y sus vivencias y experiencias juveniles que construyen fuera de la institución (Dussel, Brito y Núñez, 2007).

La escuela no genera sentido de pertenencia

Los jóvenes que abandonan la escuela y aquellos que se desafilian, son precisamente quienes no lograron construir un sentido de comunidad, de identificación mínimo con la institución. Los jóvenes realizan críticas fuertes a la incapacidad de ésta para construir un sentido de pertenencia.
Algunos jóvenes aluden a la inexistencia de “lazos fuertes” que los inviten a quedarse en la institución, lo cual, según su propio discurso, le quita sentido a la misma actividad pedagógica.

Resistencia, violencia e indisciplina

En la escuela se expresan otros factores de indisciplina social que se construyen en el cruce de las lógicas de identidad juvenil y formas de resistencia cultural. Se trata de la construcción y uso de códigos que suelen ser utilizados para ser aceptados por la masa estudiantil, para llamar la atención, resaltar en el grupo, o destacar su “fuerza, belleza, valentía o trascendencia” como forma de reconocimiento y convivencia (Wilson y Bernal; 2011). Así, los lenguajes transgresores, las expresiones corporales provocadoras, la erotización de sus relaciones y diversas estéticas subversivas, el consumo de bebidas alcohólicas; las riñas y peleas; las “burlas indiferentes” y el maltrato al ornato público son, entre otras, formas de expresión juvenil que la escuela generalmente enfrenta más con formas de control autoritario que con dispositivos de construcción y apego a las reglas básicas de convivencia.

La crítica a los docentes

Las críticas más sentidas por los jóvenes son la ausencia de relaciones íntimas y cercanas con sus profesores y los contextos normativos castrantes (tipos de normas y formas de aplicar las sanciones). Si bien no aluden de manera generalizada al nivel instruccional de parte de sus profesores, los jóvenes saben diferenciar entre los “buenos” y los “malos docentes”, y consideran que el desempeño de los docentes, es importante para los resultados educativos, sus propios aprendizajes.
Los profesores no siempre están preparados o no tienen la sensibilidad suficiente para comprender la realidad de los jóvenes y menos aún para articular esfuerzos educativos que pongan en juego asertividad, el cuidado, el respeto y la capacidad de enseñanza. Los ritmos de aprendizaje de los estudiantes son diferenciados y no todos tienen el mismo interés, a lo cual se suma la típica reacción crítica hacia los adultos y la dificultad para abordar los temas y problemas que les pasan.

La frialdad de las relaciones interpersonales (profesor-alumno)
El aspecto que peor perciben los jóvenes alude a las relaciones que establecen con sus profesores, a la falta de cercanía, intimidad y afectividad con ellos. La mayoría afirma que las relaciones que establecen están marcadas por la distancia, la frialdad y el contacto desde el rol. Los jóvenes desean relaciones estudiante-docente de mayor calidad, pues pareciera que el modo en que se vehicula la comunicación entre estos dos actores no es siempre la mejor y por ello, no se generan tampoco ambientes creativos e imaginativos.

A manera de conclusión

La escuela aparece ante los jóvenes como un campo de ausencias y rigideces institucionales. La realidad para los jóvenes es clara y contundente: o no hay escuelas o las que hay son insuficientes, y las que existen mantienen una lógica y un sistema poco adecuado y atractivo a las necesidades sociales y psicológicas de los jóvenes: currícula inflexibles, horarios rígidos, maestros cerrados y burocracias panópticas, sin contar con la ofensiva de los sistemas de evaluación, la reprobación y el fracaso escolar.

La información empírica presentada permite sostener la necesidad de poner mayor atención en los contenidos y procesos pedagógicos de la educación media superior. Obliga a empezar a discutir con mayor seriedad el patrón de reescolarización y prestar más atención a la capacidad de las escuelas para satisfacer sus expectativas, poner en claro las tensiones y conflictos entre la cultura juvenil-estudiantil y la cultura escolar a efecto de prevenir o corregir la frustración posible, el abandono o la desafiliación educativa. En el extremo, el riesgo mayor de esta situación no sólo serán los adolescentes y jóvenes que no entren a la escuela, o que una vez adentro deserten; sino también aquellos jóvenes que, estando “escolarizados” e incluso habiendo terminado sus estudios, lo hagan con desinterés y escasos logros en la adquisición de conocimientos y habilidades, al punto que estemos clausurando su porvenir y el del país entero en el relevo generacional futuro.

La situación prevaleciente en la educación media superior del país es a todas luces insuficiente para atender los nuevos requerimientos de los jóvenes mexicanos en el marco de la sociedad del siglo XXI. Los cambios cuantitativos y cualitativos que nuestro país y los jóvenes han experimentado requieren, con urgencia, de una transformación profunda del modelo educativo y del paradigma institucional que ha caracterizado a nuestro sistema educativo y, en particular, al nivel de educación media superior.

_________________________
1 Es la proporción de la matrícula total en el nivel medio superior, respecto a la población en edad oficial de cursar el nivel (15 a 17 años).

2 Es el porcentaje de la matrícula contenida en el rango de edad típica para estudiar el nivel medio superior (15-17 años), respecto a la población total de ese mismo rango de edad.

3 Número de alumnos matriculados en un grado escolar, por cada cien, cuya edad supera dos años o más a la establecida normativamente para cursar el grado de referencia.

4 Número estimado de alumnos que egresan del nivel medio superior en un determinado ciclo escolar por cada cien alumnos de nuevo ingreso, inscritos tantos ciclos escolares atrás como dure el nivel o tipo educativo en cuestión.

5 De acuerdo con la Norma de Escolaridad Obligatoria del Estado Mexicano (NEOEM) se considera con carencia por rezago educativo a la población que cumpla los siguientes criterios: a) tiene 3 a 15 años, no cuenta con la educación básica obligatoria y no asiste a un centro de educación formal; o, b) tiene 16 años o más, nació antes de 1982 y no cuenta con el nivel de educación obligatoria vigente en el momento en que debía haberla cursado (primaria completa), o c) tiene 16 años o más, nació a partir de 1982 y no cuenta con el nivel de educación obligatoria (secundaria completa).

6 Según datos de INEGI, 2010, el 18.88% de la población de 15 a 17 años está en extraedad grave en EMS, equivalente a 852,372 estudiantes. Dicha cifra es coincidente con el número de alumnos en riesgo que en este ejercicio se identifican. Así también, según datos de SEP, para el ciclo escolar 2011-2012 la reprobación fue de 32.7%, equivalente a 1, 286,712, cifra más o menos coincidente con el total de estudiantes desafiliados identificados.

7 La síntesis de los temas se recupera de mi trabajo publicado en 2013 dedicado a dar cuenta, dese la narrativa y discurso de los jóvenes, de los conflictos y tensiones entre la cultura escolar y la cultura juvenil en la educación media en América latina (Vid. Miranda; 2012)

Referencias

Abril, E., Roman, M., Moreno, I. (2008). ¿Deserción o autoexclusión? Un análisis de las causas de abandono escolar en Estudiantes de educación media superior en Sonora, México. Revista Electrónica de Investigación Educativa, 10 (1). Recuperado de http://redie.uabc.mx

Attanasio, O. y Székely, M. (2003). The Family in Flux: Household Decision-Making in Latin America. New York: Inter American Development Bank.

BID. (2012). Desconectados. Habilidades, educación y empleo en América Latina. New York: BID.

Calicchio, L., de León, E., Gutiérrez, M., Lorenzo, M. y Radakovich, R. (2004). Cultura juvenil y Educación Media Superior en el Uruguay. Serie Aportes para la reflexión y la transformación de la educación media superior. N° 26. Uruguay: Administración Nacional de Educación Pública.

CEPAL. (2011). Panorama social de América Latina. Santiago de Chile: Naciones Unidas/CEPAL.

CONEVAL (2010). MCS-ENIGH 2010. México: CONEVAL.

Dussel, I., Brito, A., Núñez, P., Litichever, L. (2006). La escuela media argentina: estudio nacional sobre las opiniones de jóvenes y docentes. Argentina: Santillana.

Dussel, I., Brito, A., y Núñez, P. (2007). Más allá de la crisis. Visión de alumnos y profesores de la escuela secundaria argentina. Argentina: Santillana.

Eroles, D. y Hirmas, C. (coord.). Experiencias educativas de segunda oportunidad. Lecciones desde la práctica innovadora en América Latina. Santiago de Chile: UNESCO.

Goicovic Donoso, I. (2002). Educación, deserción escolar e integración laboral juvenil . Última Década, (16) Recuperado de http://redalyc.org/articulo.oa?id=19501602

Guerra, M. (2006). Jóvenes de sectores populares y escuela: encuentros y desencuentros a lo largo de la vida. Documento presentado en el XI Simposio Interamericano de Investigación Etnográfica en Educación, Buenos Aires.

Huerta, R. (2010). La deserción escolar en el nivel medio superior. México: IPN.

INEGI (2010). Censo de Población y Vivienda 2010. México: INEGI.

Mettifogo, D., y Sepúlveda, R. (2005). Trayectorias de vida de Jóvenes Infractores de Ley. Chile: Centro de Estudios en Seguridad Ciudadana, Instituto de Asuntos Públicos.

Miranda, F. (2012). Los jóvenes contra la escuela – Un desafío para pensar las voces y tiempos para América Latina. Revista Latinoamericana de Educación Comparada (RELEC), (3) 3, 71-84.

Pérez, J. A. (2013). La ruptura del acceso a la vida adulta. Trayectorias y significados juveniles entre la familia, la escuela y el trabajo (Tesis doctoral sin publicar). Universidad Autónoma Metropolitana, México.

Saintout, F. (2007). Jóvenes e incertidumbres. Percepciones de un tiempo de cambios: familia, escuela, trabajo y política (Tesis doctoral sin publicar). Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, Sede Académica Chile, Chile.

SEP y COPEEMS. (2012). Reporte de la Encuesta Nacional de Deserción en la Educación Media Superior. México: SEP y COPEEMS.

SEP. (2011). Reporte de indicadores educativo. México: SEP.

SEP. (2012). Estadística de resultados 2008-2012. México: SEP.

SITEAL (2013). ¿Por qué los adolescentes dejan la escuela? Buenos Aires: SITEAL.

Tapia, G., Pantoja, J., y Fierro, C. (2010). ¿La escuela hace la diferencia? El abandono de la escuela secundaria en Guanajuato, México. Revista Mexicana de Investigación Educativa, (15) 44, 191-219.

Wilson, A., y Bernal, Y. (2011). La prevención educativa de la disciplina social en el contexto pedagógico en la educación preuniversitaria. Cuadernos de Educación y Desarrollo, (3) 27.

* Francisco Miranda López
Profesor-investigador de la FLACSO, sede México
fmiranda@flacso.edu.mx

Comentarios

Comentarios