Carlos Lomas: “En la educación lingüística el objetivo esencial es enseñar a saber hacer cosas con las palabras” Entrevista

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Carlos Lomas: “En la educación lingüística el objetivo esencial es enseñar a saber hacer cosas con las palabras” Entrevista

Adriana Meléndez Mercado*

En las últimas décadas la enseñanza del lenguaje ha experimentado un cambio radical  en lo que se refiere a sus teorías, a sus métodos didácticos y a sus prácticas de enseñanza. Varios han sido los factores que han contribuido a ese giro. Por una parte, desde la Lingüística se pone un mayor acento en el estudio del uso lingüístico y comunicativo de las personas. Por otra, los enfoques comunicativos de la enseñanza de  las lenguas insisten en la idea de que el objetivo esencial de la educación lingüística es el aprendizaje escolar de competencias comunicativas. En este contexto, las aportaciones del doctor Carlos Lomas a lo largo de la última década han sido determinantes tanto en España como en Latinoamérica a través de sus publicaciones (entre las que destaca Cómo enseñar a hacer cosas con las palabras –Paidós, 1999-),de la dirección de revistas como SIGNOS o TEXTOS y de los numerosos cursos, seminarios y conferencias que ha impartido en los últimos 20 años.

En paralelo con este ámbito de estudio, el doctor Carlos Lomas es también un especialista en el análisis crítico de los medios de comunicación y de la publicidad y en cómo incorporar esos análisis al mundo de la educación. En relación con esta temática ha intervenido en innumerables cursos, seminarios y talleres y ha publicado un trabajo ya clásico, El espectáculo del deseo (Usos y formas de la persuasión publicitaria), con edición española (Octaedro, 1996) y colombiana (Magisterio, 2007).  

Un tercer aspecto estudiado por el doctor  Lomas es el relativo a los temas de género, como lo acreditan sus colaboraciones en revistas especializadas y su abundante producción bibliográfica (¿El otoño del patriarcado? Luces y sombras de la igualdad entre mujeres y hombres – Península, 2008-, ¿Todos los hombres son iguales?-Paidós, 2002-, Los chicos también lloran –Paidós, 2004– ). 

Finalmente, el cuarto ámbito de investigación del doctor Lomas es el relativo al estudio del modo en que la Literatura refleja la vida escolar. Sobre estos temas ha publicado el libro Érase una vez la escuela -Los ecos de la escuela en las voces de la literatura- (Graó, 2007) y editado diversas antologías de textos literarios sobre los contextos escolares (como Había una vez la escuela -Los años del colegio en la literatura-, en coautoría con la profesora Ysabel Gracida, editado por Paidós México. 

– ¿Cómo ha de entenderse en estos inicios del siglo XXI la enseñanza del lenguaje en el bachillerato?

– Hoy casi nadie niega ya que el objetivo esencial de la educación lingüística es la adquisición y el desarrollo de los conocimientos, las habilidades, las actitudes y las capacidades que nos permiten desenvolvernos en nuestras sociedades de una manera adecuada y competente en las diversas situaciones y contextos comunicativos de la vida cotidiana. Por esta razón, el aprendizaje lingüístico en las aulas no debe orientarse en  forma exclusiva al conocimiento (a menudo efímero) de los aspectos morfológicos o sintácticos de una lengua sino que ante todo debe contribuir al dominio de usos verbales que las personas utilizan habitualmente como hablantes, oyentes, lectores y escritores de textos de diversa naturaleza e intención.

El enfoque tradicional de la enseñanza de la lengua, orientado a la enseñanza de la gramática y de la estructura interna de una lengua, partía del sofisma de considerar que sólo el conocimiento de las categorías y de las reglas gramaticales haría posible la mejora del uso expresivo de las personas pero, con la extensión de la enseñanza obligatoria en las últimas décadas a alumnos y a alumnas pertenecientes a grupos sociales hasta entonces ajenos a la educación escolar, se ha comprobado que no basta con un saber gramatical que no es sino una caricatura de cierta lingüística aplicada sino que lo que se precisa es una educación lingüística orientada a la mejora del uso oral y escrito de las personas.  Rodolfo Lenz escribió con ironía hace ya casi un siglo (1912): “Si conocer a fondo la gramática fuera condición indispensable para ser artista del lenguaje, poeta, escritor, orador, ¿por qué no son los mejores gramáticos a la vez los más grandes escritores?”. Y, en la misma dirección, escribiría en 1924  el ilustre erudito Américo Castro: “La gramática no sirve para enseñar a hablar y escribir correctamente la lengua propia, lo mismo que el estudio de la fisiología y de la acústica no enseñan a bailar, o que la mecánica no enseña a montar en bicicleta. Esto es de tal vulgaridad que avergüenza tener que escribirlo una y otra vez”.

Por eso desde hace dos décadas el énfasis en la investigación didáctica sobre la enseñanza y el aprendizaje de las lenguas se orienta a analizar cómo favorecer la adquisición y mejora de la competencia comunicativa de los estudiantes y en esa tarea no basta tan sólo con enseñar un cierto saber sobre la lengua. Lo prioritario es enseñar a saber hacer cosas con las palabras. En este contexto hay contenidos de investigación especialmente relevantes que afectan a ámbitos fundamentales desde el punto de vista educativo como la enseñanza escolar de la competencia oral, el fomento educativo de la lectura y de la escritura,  la educación literaria en el siglo XXI, el análisis crítico de los textos de la cultura de masas, especialmente de la televisión y de la publicidad;  el uso de las nuevas tecnologías y la competencia digital en el manejo de los hipertextos de Internet, la consciencia lingüística sobre el papel que desempeña el lenguaje en la construcción de las identidades personales y colectivas y como herramienta de convivencia entre las personas, aunque también de manipulación, discriminación y engaño, etcétera.

– ¿Cuáles son los problemas más significativos que ha detectado en la Educación Básica y en el Bachillerato de hoy en día?

– Es evidente que la extensión de la educación obligatoria  a edades y a sectores sociales que antes estaban fuera de la educación ha traído consigo dificultades, conflictos y desasosiegos. Por otra parte, el escaso valor social otorgado a la educación y al magisterio por los gobiernos en turno tampoco favorece el prestigio de la escuela y la autoridad del enseñante. Finalmente, los medios masivos de comunicación e Internet están construyendo aulas sin muros desde las que se difunden valores y conductas opuestas a los valores y conductas que debe promover la institución escolar. Si a ello se añaden las lamentables condiciones de trabajo de la mayoría de los docentes, la violencia que nos rodea y las tremendas desigualdades sociales es obvio que la tarea de la escuela no es fácil. Pese  a todo ello, el oficio de maestro (y el oficio de maestra) no es un oficio cualquiera ni cabe en él otra actitud que no sea la de la pasión y la del compromiso. Porque, como decía Paulo Freire, no sólo enseñamos lo que sabemos sino también, y sobre todo, lo que somos.

– ¿Qué recomendaciones les daría a los docentes de educación secundaria y bachillerato en cuánto a las estrategias y actividades que deben realizarse en las clases de lenguaje?

– Hay quien piensa que enseñar lengua en un contexto comunicativo es algo que rebaja la calidad docente y que devalúa el nivel de los contenidos enseñados. Ante tal opinión yo pregunto: ¿Qué es más fácil? ¿Enseñar el adverbio o enseñar a hablar de una manera fluida y adecuada a las características de la situación de comunicación? ¿Enseñar la estructura de una oración simple o enseñar a escribir con corrección, coherencia y cohesión? ¿Enseñar la vida y obra de un autor consagrado por la tradición literaria o enseñar a apreciar la expresión literaria y contribuir a formar lectores críticos? La tarea del profesorado hoy es más compleja que ayer ya que para enseñar en esta dirección no basta con tener una cierta formación gramatical sino que hay que utilizar otros saberes lingüísticos (pragmática, lingüística del texto, semiótica…) y otras metodologías: frente a la clase magistral y a la calificación académica del texto elaborado por un alumno o una alumna hay que actuar como mediador e intervenir en el proceso de elaboración de los textos orales y escritos con estrategias de ayuda.

En este contexto hay que tener en cuenta en todo momento que la adquisición de destrezas comunicativas y de actitudes de aprecio ante la Literatura es una tarea más difícil y lenta que enseñar un concepto gramatical o un hecho literario. Por otra parte,  es obvio que en la adquisición de competencias comunicativas el contexto del alumno resulta en ocasiones bastante determinante, por lo que si trabajamos con un alumnado procedente de contextos culturales marginales o desfavorecidos nuestra tarea es más difícil que si lo hacemos con hijos e hijas de las clases sociales más acomodadas. Por eso, no podemos evaluar la adquisición de las destrezas y de las actitudes como se evalúa la adquisición de un concepto o de una habilidad estrictamente académica, como el análisis sintáctico. La competencia oral no se adquiere en una semana, ni en un mes, ni en un curso ni a veces a lo largo de toda la escolaridad, y algo semejante ocurre con la competencia escrita o literaria, pero nuestra tarea es favorecer esas competencias, especialmente con el alumnado menos favorecido socialmente, que tiene en la escuela su única esperanza de acceso a esas competencias y a su valor de cambio y de uso en nuestras sociedades.

Es decir, mi consejo es que el magisterio tenga mucha paciencia y sea consciente de que los resultados del aprendizaje han de evaluarse a mediano y largo plazos y no sólo dependen de su acierto y entusiasmo (imprescindible en cualquier caso) sino también de los contextos culturales de los que procede cada alumno y cada alumna.

– Una dificultad que vemos en los bachilleratos a distancia es el desarrollo limitado de la expresión escrita por parte de los estudiantes, lo cual es una barrera para ser exitosos en esta modalidad. ¿Qué podemos hacer para mejorar en poco tiempo la expresión escrita de los estudiantes tanto adolescentes como adultos?

La escritura es la interacción entre un escritor, un texto, un lector y un contexto. El texto incluye la intención de su autor, el contenido de lo dicho y la forma en que se estructura el mensaje. El contexto, en fin, incluye las condiciones de la escritura y de la lectura, tanto las estrictamente individuales (intención del escritor, efectos de la lectura del texto en el horizonte de expectativas del lector…) como las sociales (en el caso de la escritura escolar, el tiempo que se le destina en las aulas, las formas de enseñar la escritura, el tipo de corrección que se realiza…).

Hay tantas escrituras (y tantos objetivos de la escritura) como escritores. Escribimos con una finalidad práctica (para narrar, para describir, para argumentar, para expresar nuestros sentimientos e ideas, para dar cuenta de nuestros aprendizajes en el contexto escolar -un examen, una investigación, un resumen…).  De ahí la diversidad de los textos escritos y de ahí también los diferentes usos sociales de la escritura en nuestras sociedades: desde los  escritos habituales en la vida cotidiana de las personas (noticias, crónicas, catálogos, instrucciones de uso, reportajes, entrevistas, anuncios…) hasta la escritura literaria;  desde la escritura de uso práctico (avisos, cartas, contratos, informes, instancias…) hasta la escritura más técnica y académica (informes, ensayos, esquemas…) y la escritura artística o literaria….

En este contexto, la enseñanza de la escritura debe aportar los conocimientos y las habilidades que nos permiten evaluar tanto la corrección e incorreción de los textos (y ahí entran las cuestiones ortográficas, sintácticas…) como la coherencia y la cohesión,  así como su adecuación al contexto de comunicación (intención, destinatario…). Son operaciones complejas, de lenta adquisición, en las que la lectura de diversos tipos de texto que puedan servir como modelos expresivos es esencial, así como la práctica continua de la escritura, la corrección externa y la autocorrección de borradores son esenciales en  la evaluación del proceso de escritura, y no sólo del producto final.

En el bachillerato a distancia, todo el profesorado, sea o no enseñante de español, debería devolver corregidas las comunicaciones y los trabajos escritos del alumnado indicándole los errores ortográficos o sintácticos (los correctores ortográficos de las computadoras nos pueden ayudar en este sentido), el uso inadecuado del léxico o del registro utilizados, la incoherencia de lo escrito… En muchos casos, devolviéndoles el texto para que lo reescriban y mostrando que una adecuada presentación escrita de sus tareas es condición indispensable para tener éxito en las materias de ciencias, Matemáticas, Historia… y no sólo en el Taller de Redacción o en la clase de lenguaje. Sólo si se trabaja de forma específica este tipo de competencias y si se entiende que es tarea de todos y no sólo del profesorado de lenguajes  es posible ir mejorando poco a poco los escritos del alumnado.

– Usted ha hecho muchos estudios sobre publicidad. ¿Deberíamos usar principios derivados de la mercadotecnia para motivar a los estudiantes a aprender? En el caso específico de la educación en línea, ¿tienes alguna sugerencia especial en este sentido?

– El arte de enseñar es el arte de persuadir. Como en la publicidad, aunque sus objetivos sean afortunadamente otros. Por tanto, todo lo que hagamos por convertir nuestros mensajes y nuestros libros de texto en textos atractivos y seductores está bien empleado. Competir con la mercadotecnia y el poder de seducción de la publicidad es inútil pero mostrar a las alumnas y a los alumnos que la educación no tiene por qué ser aburrida, que se puede disfrutar aprendiendo cosas y que lo que se enseña en el salón de clase o a distancia tiene mucho que ver con la vida real y que por tanto los aprendizajes escolares tienen un enorme significado personal y social es esencial. Cualquier aprendizaje escolar debe ser significativo y funcional, es decir, debe tener sentido para quien aprende y debe ser útil más allá del ámbito escolar. Internet nos aporta muchas herramientas en esta tarea. Los blogs, las redes sociales, las web… son herramientas que en la enseñanza a distancia debemos usar porque son atractivas, amenas, distintas a los canales librescos de los que, nos guste o no, huyen muchos alumnos.
 
– ¿Qué ventajas cree usted que tenga la educación a distancia en el proceso de desarrollo de habilidades lingüísticas?

– No creo que la educación a distancia tenga ventajas añadidas en relación al aprendizaje de competencias comunicativas con respecto a la enseñanza presencial. Quizá en ocasiones una atención más personalizada puede permitir una corrección más personal de sus tareas pero a cambio falta la interacción oral, el debate en grupo, el conocimiento más personal y continuado de cada alumno… Y siempre cabe la sospecha de quien si realiza a distancia esas tareas lo hace con o sin ayudas. La educación a distancia es una modalidad de enseñanza absolutamente necesaria y tiene ventajas indudables pero también inconvenientes. Quizá en la educación a distancia es posible una mayor exigencia personal y una mayor corrección individual a la vez que el docente evita los conflictos e indisciplinas que tanto interrumpen las clases pero a cambio falta el aprendizaje en situación real, en interacción con los otros…
 
– ¿Cuál es su recomendación para responder a un estudiante que envía preguntas a su asesor en línea usando el lenguaje compactado de los teléfonos móviles?

– Las nuevas tecnologías de la información y de la comunicación (especialmente la televisión, la publicidad e Internet) están creando adicciones y contextos de manipulación que exigen un tipo específico de competencias lectoras en la selección e interpretación de la información y quizá otras maneras de entender la educación. Como escribe Umberto Eco… en nuestra sociedad los ciudadanos estarán muy pronto divididos, si no lo están ya, en dos categorías: aquellos que son capaces sólo de ver la televisión, que reciben imágenes y definiciones preconstituidas del mundo, sin capacidad crítica de elegir entre las informaciones recibidas, y aquellos que saben entender la televisión y usar el ordenador y, por tanto, tienen la capacidad de seleccionar y elaborar la información. Se necesita una nueva forma de destreza crítica, una facultad todavía desconocida para seleccionar la información brevemente con un nuevo sentido común. Lo que se necesita es una nueva forma de educación.

En esa nueva forma de comunicación es esencial evitar desde la educación una actitud logocéntrica que excluya en las aulas el análisis de los lenguajes visuales y de los hipertextos de la cultura de masas e Internet. Hay que analizar críticamente los modos lingüísticos y visuales mediante los cuales se construyen las noticias en televisión,  en los anuncios publicitarios, en las series, en las películas y de difunde la información y el conocimiento en Internet… Esos teleniños, esos depredadores audiovisuales e internautas adictos que acuden a las aulas tienen derecho a una alfabetización escolar que favorezca el conocimiento crítico de estos lenguajes y de sus mensajes y que les ayude a transformar el diluvio de información que aparece en Internet en un conocimiento cultural y socialmente relevante.

En este contexto, y en relación con la pregunta, es evidente que cada texto tiene su contexto de uso. Por ello, no estoy en contra del uso de mensajes de texto a través de telefonía móvil para las comunicaciones inmediatas (un aviso, una cita, un mensaje de amor…) pero en las comunicaciones académicas es evidente que el uso del lenguaje ha de ser correcto y adecuado en cuanto al registro utilizado. Por ello, la escritura fonética es perfecta en contextos íntimos y familiares (en las comunicaciones con las amistades, con las personas que forman parte del grupo de iguales o con las que tenemos una especial intimidad) pero inadecuada en contextos más formales, como en los escritos académicos (redacciones, informes, trabajos…) y en la comunicación académica y profesional en un curso a distancia, en el trabajo…. No es por tanto un tema de corrección o incorrección sino de adecuación o  inadecuación. La economía expresiva de los mensajes fonéticos de la escritura de los móviles es adecuada en muchas situaciones pero no en la comunicación académica.

– ¿Cuál considera usted la mejor estrategia para hacer que el estudiante de bachillerato se enamore de la lectura?

– De un  tiempo a esta parte, uno de los tópicos más extendidos en los debates sobre educación consiste en afirmar categóricamente que los alumnos y las alumnas no leen nada, que asistimos al apocalipsis de la lectura y que esa indiferencia lectora en la escuela democrática y multicultural es el indicio más irrefutable del desastre de la educación actual. 

Es innegable que hoy adolescentes y jóvenes no leen tanto como deseamos (ni lo que deseamos) pero, ¿leen menos que antes? ¿Tanto se leía antaño? O, mejor dicho, ¿quiénes y cuántos leían antes? ¿Es adecuado comparar los índices de lectura de hace tres o cuatro décadas con los índices de lectura de hoy, en una época como la actual en la que predominan las ficciones audiovisuales de la televisión, del cine, de los cómics, de los videojuegos y de Internet? ¿Es el ocio cultural de hoy el mismo de antaño? ¿Es tan inútil la labor del profesorado en el fomento escolar de la lectura? ¿Son tan ineficaces las estrategias didácticas de animación a la lectura? ¿Están vacías de niños, niñas, adolescentes y jóvenes las bibliotecas de las escuelas e institutos y otras bibliotecas públicas? ¿No leen en otros soportes como la computadora? ¿No tiene ningún valor esa lectura?

En cualquier caso, no hay soluciones mágicas para mejorar de la noche a la mañana la intensidad lectora de nuestros jóvenes. La animación a la lectura ha sido asumida con entusiasmo por el profesorado (especialmente en las décadas ochenta y noventa del pasado siglo), que ha empleado buenas dosis de empeño e ilusión en programas de iniciación que tenían como objeto el desarrollo del hábito de leer y como recurso las obras destinadas a las diferentes edades. En este contexto Michele Petit propuso conciliar el espacio íntimo y gozoso en que se produce la lectura personal y el espacio público, representado por el ámbito académico, que trata de integrarla entre las actividades escolares. Y ello nos lleva a preguntar: las lecturas que promociona la escuela, ¿han de ser libres o deben ser obligatorias?

Yo creo que la escuela debe tener en cuenta los gustos de los lectores, pero también sus carencias.  La necesidad de orientar al alumnado hacia textos que representan los valores estéticos y éticos que educativamente se promueven, pero, sobre todo, de ayudar al chavo o a la chava que se dispone a leer,  ha puesto de relieve la figura del profesor como mediador, como alguien que interviene entre los textos y cada alumno y alumna, a quienes facilita información complementaria considerando sus necesidades y destrezas lectoras. La mediación es una función que debe desempeñar el profesorado pero también los paratextos (la portada y contraportada, los catálogos, las notas en prensa, los artículos de crítica literaria, etc.) y otras personas (la bibliotecaria, el animador cultural, el autor o la autora cuando acuden a las aulas…).

En cualquier caso, no tiene ningún sentido enfrentar en los inicios de la educación lectora a los alumnos y a las alumnas con formas lingüísticas de una especial dificultad como si esa dificultad le confiriera una mayor cualidad estética al texto. En la selección de los textos literarios es esencial elegirlos  en función de sus dificultades de comprensión e interpretación lectoras. De igual manera, en la selección de los textos que han de leer, conviene tener en cuenta la utilidad de aquellos que pueden resultar más cercanos a la vida cotidiana de los alumnos y de las alumnas por abordar temas y argumentos con los que el alumnado puede identificarse, Desde el amor y la amistad entre adolescentes y jóvenes hasta  la tensión moral entre el bien y el mal, el miedo, la aventura o la vida cotidiana en las escuelas y los institutos. Finalmente, conviene organizar actividades diferentes en torno a los textos (de la lectura individual a la lectura colectiva, del análisis personal a la interpretación colectiva de los textos, de la escritura personal a la elaboración colectiva de textos de intención literaria) y tener en cuenta la diversidad de gustos, expectativas y competencias lectoras de cada alumno y de cada alumna.

– Algunos asesores y tutores tienen mala ortografía y una redacción poco clara. ¿Cuáles son los recursos idóneos para resolver este problema?

– No es admisible que asesores y tutores tengan una ortografía incorrecta y unas destrezas insuficientes de redacción ya que constituyen modelos de lengua para su alumnado y tienen el deber de corregir y mejorar las habilidades escritas de los estudiantes. Por ello, deben ponerse en marcha programas urgentes de formación del profesorado que aseguren un uso correcto, coherente, apropiado y eficaz de la escritura de asesores y tutores ya que la escritura en su caso es el vehículo de comunicación y de enseñanza por antonomasia en la educación a distancia. Difícilmente aprenderá competencias escritas un estudiante con un asesor o tutora a distancia con escasa competencia escritora.

 

* Profesora en el Colegio de Ciencias y Humanidades, Plantel Azcapotzalco, adriamel@hotmail.com